jueves, 25 de junio de 2020

La Semana Santa y el Arte: La presentación al Pueblo


En el artículo de hoy, el último de la temporada, sobre la Semana Santa y el Arte vamos a tratar la iconografía del misterio de la Presentación al Pueblo de San Benito.
Este es uno de los primeros conjuntos escultóricos que realiza, concretamente es el segundo para la Semana Santa sevillana tras el misterio de la Bofetá, que hiciera a mediados de los años 20 del siglo XX. En este misterio podemos apreciar como Cristo esta con el torso descubierto es presentado al pueblo coronado de espinas como ‘rey de los judíos’, por Poncio Pilatos, al que vemos en un claro nexo de unión con el espectador que a pie de calle presencia este paso gracias a su postura y su mirada. Tras la escena principal podemos apreciar un centurión, un fariseo, un esclavo etíope y en la parte trasera, al lado del trono de Pilatos, a su esposa Claudia Prócula con una dama de su corte, en una escultura que nos puede recordar a la realizada años antes por el mismo escultor llamada Ensueño.
Este es uno de los conjuntos procesionales más conseguidos, desde el punto de vista compositivo y está inspirado en el lienzo que Antonio Ciseri realizase en 1871 con la misma escena con la diferencia que este pinta el lienzo desde dentro del palacio, viendo la escena desde una visión trasera, siendo en este la escena principal la figura de Claudia Procula dándole la espalda a la escena y con un claro gesto de decepción al ver como Poncio Pilatos dejaba en manos del pueblo la decisión de la libertad o no de Cristo. En la composición de este lienzo vemos un alto componente clasicista, tanto en los ropajes de las figuras, como en la arquitectura que podemos ver.
Como peculiaridad, al ser esculpidos los ropajes de las imágenes realizadas por Castillo Lastrucci, podemos apreciar gran similitud en algunos hábitos, como el de Poncio Pilatos.


Mario Rosales Antequera.
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martes, 23 de junio de 2020

Leyendas sevillanas

Llevamos varios meses realizando estas leyendas semanales, cada una dedicada a un lugar o una imagen en concreto, pero esta semana y para “despedirnos”, os vamos a hablar de varias leyendas ocurridas en Sevilla y que guardan relación con alguna de sus hermandades más conocidas. Y es que, siempre hemos oído sobre Sevilla leyendas como la del Cachorro de Triana, el por qué de “La Valiente” para referirse a la estrella, o cuando a la Macarena la cambiaron por un reloj, pero… ¿Sabías que hermandades como el Cristo de Burgos o Santa Cruz también tienen leyendas?

- EL CRISTO DE BURGOS.
En la puerta del Cristo de Burgos, sucedió un hecho particular y que hizo cambiar la visión y la forma de ver de esta querida imagen. Una mujer entra al templo, para rezar por la salud de un familiar que se encontraba en estado crítico. Había acudido a varios médicos y ninguno de ellos le daba una alternativa ni una cura exacta para lo que aquella persona padecía. Sin tener nadie con quien hablar ni a quien acudir, se arrodilla frente al señor y comienza a rezar, inmersa en su plegaria. Y sumida allí, nota que la temperatura baja, sintiéndose acompañada. En ese momento alza la mirada, y mira a su señor que tanta devoción le guardaba, quedándose petrificada al ver que éste la mira y le dice: No te preocupes. La señora, asustada, sale corriendo del templo, e incluso paró a varios transeúntes inmersa en el pánico que aquello le provocó. Todos la tomaban por loca, pero lo curioso es que llega a casa, y que al llegar recibe una llamada telefónica que le comunica que, aquel familiar por el que ella pedía con tanta fe al Cristo de Burgos, había tenido una notoria mejora milagrosamente, y que se encontraba bien dentro de la gravedad que padecía.


-EL NAZARENO FANTASMA.
Casi al final de Mateos Gago, nos encontramos con una iglesia que tiene mucho que contar. Hablamos De la Iglesia de Santa Cruz, iglesia que le da nombre a la hermandad que en ella habita. Aquí tiene lugar una de esas historias bellas y evocadoras, que verdaderamente nos hace pensar si hay algo más allá. Es común que, cuando una hermandad se recoge, los hermanos entran y rezan junto a sus titulares, dejando las insignias y volviendo camino a casa. Pues bien, así ocurrió, aquella noche en esa hermandad, y es que estando únicamente los miembros de la junta que se disponían a guardar los cirios e insignias, miran hacia el paso del señor y se encuentran frente a él un nazareno. Tenía el capirote bajo el brazo, y rezaba fervorosamente a su imagen titular. Uno de los hermanos, con cierto desprecio le dijo: Hermano, hemos acabado la estación de penitencia, se tiene que ir. Y el nazareno se volvió, los miró, y como si no hubiera oído nada, continuó con su rezo. La segunda vez que le llamaron la atención, éste volvió a girarse, y les hizo un gesto de como que ya se iba. Pero lejos de ello, se acercó al paso de virgen, y presinándose frente a ella, volvió a inmergirse en su rezo. Y en ese momento, el otro miembro de la junta que allí presente estaba, soltó la típica frase: No te ha hecho ni caso. El otro, ya un poco mosca, elevó el tono, y de una manera muy irrespetuosa le dijo: Hermano, que se tiene que ir, dando palmadas a la vez. Es entonces cuando el nazareno volvió a mirar, con una mirada desafiante, y se quedó allí. Fueron varias las veces que le dijeron que se marchara, y a la tercera, el nazareno se volvió, miró fijamente a sus queridos titulares, y dando un paso atrás, desapareció. Los otros dos se quedaron perplejos, era imposible que hubiera salido por la puerta, porque estaba cerrada y lo habrían escuchado. Lo cierto es que había desparecido. A partir de ese año, ese nazareno se va apareciendo de una forma alternativa, y todos los que en esa hermandad están metidos, aseguran que en Santa  Cruz hay un nazareno especial.


-EL GRAN PODER Y ARAUJO.
Juan Araujo, ex jugador del Sevilla Fútbol Club, tuvo una gran experiencia con el señor del Gran Poder. Tenía una vida próspera, cuando su felicidad se vio truncada cuando a su hijo le detectaron una enfermedad grave. Tras haberlo llevado a todos los médicos, ninguno le dio solución, y con un hilo de esperanza, acudió a San Lorenzo para pedirle al señor del Gran Poder que lo curara. Y así, la historia se repitió día tras otro, hasta que el niño murió. Es ahí cuando, enfadado, fue de luto a la capilla únicamente para decirle al Señor: Que sepas que no voy a venir más a verte por no haber querido curar a mi hijo, si quieres verme vas a tener que venir a mi casa. Pasaron los años, y se celebró una misión donde se llevaron a las imágenes a los barrios más pobres para llevar el mensaje de la fe. Y así, un grupo de costaleros llevaba al señor al hombro hacia Nervión, cuando en mitad de la noche comenzó a llover. Los hermanos, muy agobiados buscaron donde aguardar al señor para que no se mojara, y vieron la puerta de un garaje abierta. Llamaron a la puerta, y era el garaje de la casa de Juan Araujo. Éste preguntó que quien era, a lo que los hermanos contestaron: Ábranos, venimos con el señor del Gran Poder. En ese momento, el ex jugador no sabía donde meterse, y bajó a abrir la puerta, encontrándose cara a cara con el Gran Poder, que como si de un desafío de hombres se tratara, fue a verlo a su casa tal y como él le dijo que debía hacer. Es justo ahí cuando se arrodilla, y llorando pidió disculpas al señor, ya que él sí supo perdonar sus palabras, fruto de aquel enfado años atrás.


-EL MISTERIO DE LA LANZADA.
Si alguien osa a robar en una iglesia un objeto de culto, debe saber que sobre él, al igual que ocurría con los faraones egipcios, puede caer una terrible maldición. Pues bien, algo así ocurrió en la presente historia, ya que en 1421 apareció en las obras De la Iglesia de San Martín una caja de plomo con reliquias. Era la corona de espinas de Cristo, un acontecimiento que pondría en vilo la ciudad, y la cual fue guardada en una urna de cristal para que pudiera ser visitada. La espina estaba dotada de poderes curativos, y se llevaba a casa de los enfermes, entre otras cosas. Esta es la famosa espina de aquella leyenda de los Cristos de Juan de Mesa que contamos con anterioridad. Esa espina dio lugar a una hermandad. En 1657 el sacerdote Agustín de Herrera debía acudir con la espina a casa de un enfermo, y al regresar se encontró la iglesia cerrada, llevándosela a casa. Aquella noche, la casa del sacerdote fue asaltada, y entre los objetos robados estaba la reliquia. La ciudad entró en cólera, invadida por la pena y la desgracia. Pero, 30 años más tarde de aquella fatídica noche, un fiel entró en San Martín, y bajo secreto de confesión entregó la reliquia, ya que aseguraba que desde que estuvo en su poder, sus amigos y familiares solo sufrieron males y desgracias. Arrepentido, entregó la reliquia y se arrepintió. 

María Orellana Cózar.
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jueves, 18 de junio de 2020

La Semana Santa y el Arte: La Exaltación

Una semana más y tras el jueves de Corpus Christi, te traigo una nueva entrega de esta serie de artículos sobre la Semana Santa y su relación con el Arte. En esta ocasión y ya acercándonos al final de la temporada, he tenido a bien traer la comparación y similitudes entre el misterio de la Exaltación, o los Caballos de Santa Catalina y el cuadro de La Elevación de la Cruz de Peter Paul Rubens, uno de los grandes artistas del barroco flamenco.
Este afamado pintor flamenco realizó esta obra, que es el lienzo central de un tríptico, en el año 1610-11 tras su regreso de Italia, donde conoció de buena mano las pinturas y esculturas de Miguel Ángel, ya que las formas que apreciamos en esta elevación de la Cruz nos dejan un cierto regusto manierista, mas que barroco. Rubens en Italia también conoció los cuadros de artistas barrocos, como Caravaggio que en su catálogo de obras podemos ver una crucifixión, pero en este caso no será de Cristo, sino de uno de sus apóstoles, San Pedro, y del cual podemos observar que copia la Cruz en la forma diagonal, la cual marca y centra el cuadro entero.
Esta obra es poco probable que Pedro Roldán la conociese en persona, ya que se encuentra desde sus inicios en la Catedral de Amberes, pero si cabe destacar que varias fueron las ocasiones en las que Rubens estuvo en España con el encargo de retratar al monarca español y a otros personajes de la nobleza, por lo que pudo traer con él pequeñas copias en papel de su obra y que se difundieran por todo el país, llegando alguna de ellas a Sevilla.
En la obra de Rubens podemos ver muchos detalles en común con la obra escultórica que Pedro Roldan y su taller realzasen a finales del siglo XVII, aunque centrándonos en la escena principal, que es la de los hebreos elevando la cruz para ponerla en posición vertical, en el misterio de la Exaltación vemos como en la delantera del paso se disponen dos hebreos que tiran con cuerdas del travesaño horizontal de la Cruz, para facilitar la estabilización de la misma, mientras que en la pintura de Rubens solo vemos uno en la esquina inferior derecha, a parte de estos, tanto en el misterio de la Exaltación como en el cuadro de Rubens, vemos a varios personajes al pie de la Cruz para elevarla y situarla en su sitio, además de algunos empujando desde detrás de la cruz para ayudar a levantarla, cosa que Roldán y su taller reduce a dos personajes para que no quede tan cargado el paso. Centrándonos ahora en la figura de Cristo, en ambos podemos observar como su mirada se dirige al cielo y su cuerpo hace una ligera espiral, propia del movimiento que presentaría la Cruz al elevarse de una manera irregular, pero siendo el Cristo que pinta Rubens mucho más manierista, que la obra de Roldán, en la cual podemos apreciar una gran influencia barroca de otros crucificados de la época.
Esta es una prueba más de que la Semana Santa, a parte de ser una obra de arte en sí, bebe y los artistas que  trabajan para ella se influencian de los mejores artistas, tanto de la época, como de años o siglos anteriores.

Mario Rosales Antequera.
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miércoles, 17 de junio de 2020

La leyenda del Nazareno de Santa María

Como todos sabemos, la Sagrada Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno ostenta el título de Regidor Perpetuo de la Ciudad de Cádiz. Son innumerables los monumentos y lugares de interés de nuestra ciudad, así que mediante este apartado nuestra única pretensión será ofrecer un acercamiento al entorno más próximo a nuestra sede canónica, y es por ello por lo que nos centraremos en nuestro populoso Barrio de Santa María.

El Arrabal de Santa María tiene su origen en la ermita del mismo nombre, que fue germen del actual Convento de Santa María. A extramuros de la antigua ciudad medieval, actual Barrio del Pópulo, comenzaron a crecer entre los siglos XV y XVI dos arrabales, uno hacia el noroeste (el de Santiago) y otro hacia el sureste (el de Santa María), éste último en los alrededores de la ermita allí enclavada. El mayor auge de nuestro Barrio tuvo lugar entre los siglos XVII y XIX ya que, debido a la cercanía del puerto de la ciudad, fijaron su residencia en él muchas familias acomodadas y de comerciantes, las cuales dejaron su herencia en el barrio confiriéndole al mismo su aire barroco y señorial. Nuestro barrio se encuentra situado en el extremo sureste del casco antiguo de la ciudad, junto a la Puerta o Puertas de Tierra, la cual separa (aunque nos gusta mejor decir que une) al casco antiguo de los extramuros de la ciudad de Cádiz.

Durante la fuerte guerra civil que marcó nuestro país, el bando republicano se dedicó a la quema de iglesias y destrucción y rapto de las sagradas imágenes, de ahí que la mayoría de las imágenes religiosas que conservamos en la actualidad sean réplicas o hayan tendido que ser intervenidas en duras restauraciones. Como el Nazareno siempre fue la imagen más venerada del ya mencionado barrio, decidieron dividirlo en varias partes y aguardarlo en la casa de los vecinos del barrio. Hay que destacar que la cruz que hoy en día posee la imagen del señor no es la original, ya que nunca fue devuelta por el vecino que la guardó. 
En esa época, fueron varios testimonios de los vecinos del barrio que aseguraban haber visto al santísimo Cristo pasear con su cruz al hombro por las calles de piedra de su barrio. Cada noche, los vecinos narraban escuchar un racheo por sus calles, acompañado del arrastre de un objeto de madera maciza. Ninguno de ellos tuvo el valor nunca de asomarse a ver qué era aquello que armaba tanto ruido en las madrugadas de Santa María, asegurando que era su querido Nazareno, que se paseaba por sus calles para cuidar y bendecir a aquel barrio que le salvó la vida. 

Pero esta no es la única leyenda que se le acata a esta sagrada imagen, ya que durante la epidemia de peste que asoló Cádiz entre 1678 y 1681 se desató la bonita historia que les contamos. A lo largo del mes de Julio de 1681, la voracidad de la enfermedad estaba acabando con todo hilo de vida en la ciudad de Cádiz. Tanto los Regidores como el propio Cabildo Municipal instaron a los gaditanos a rezar por la intervención del Santísimo para acabar con el mal, acudiendo en masa la población a las puertas de Santa María a rezar y pedir clemencia a la imagen de Jesús Nazareno con su imponente figura.
Nos cuenta el mercader que tantas fueron las súplicas, que en la noche del 21 al 22 de Julio, una religiosa del convento de la Pura y Limpia Concepción, Sor Isabel Garrido, rezando como cada noche a medianoche en la reja contigua a la capilla del Señor, era testigo de como la talla bajaba de su Camarín acompañado de lo que parecía ser María Magdalena, cuya talla no existía en el convento, y esa misma noche, el salinero de oficio también lo pudo contemplar desde la ventana de su casa en la calle Compañía, con el paso firme del Señor hasta las salas del Hospital del Rey.
Fueron allí muchos los enfermos que lo pudieron contemplar acompañado de María Magdalena, y se cuenta que desde ese punto y en ese mismo instante, la enfermedad empezó a remitir, desapareciendo en su totalidad al día siguiente de contagio, por lo que se pidió que constara el haber sido un milagro del Nazareno y la Magdalena.
Tras los hechos el pueblo suplicó al obispo que se llevara la imagen hasta la Catedral, donde se celebró una novena de acción de gracias. Se encargó a su vez la realización de la talla de la Magdalena, que desde entonces está con el señor en la Iglesia de Santa María. Poco después, se nombra al Nazareno “Regidor Perpetuo” y a María Magdalena “Protectora de la ciudad”, instaurándose la costumbre de acudir constantemente al Nazareno cuando aparecía el brote de una epidemia, de forma que la imagen se relaciona con la cura de éstas y en su culto se instala la leyenda “A Peste Nos Curat”. 

María Orellana Cózar.
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jueves, 4 de junio de 2020

La Semana Santa y el Arte: La Piedad

Una semana más volvemos con un artículo sobre la Semana Santa y el Arte, en este no hablaremos en lo que se inspira un solo imaginero para componer y disponer un misterio, sino que hablaremos de un grupo escultórico que se viene representando desde tiempos medievales y que, en diferentes variantes, han llegado a la Semana Santa de Sevilla, hablamos de la Sexta Angustia de la Virgen, más popularmente conocida como la piedad.
En Sevilla hay tres conjuntos escultóricos que representan la Sexta Angustia de la Virgen, que son, la Virgen de la Piedad y el Cristo de las Misericordias del Baratillo, la Virgen de la Piedad y el Cristo descendido de la Cruz de la Mortaja y la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Providencia, todos ellos representan el mismo momento, en el que, tras descender a Cristo de la Cruz, lo dejan en el regazo de la Virgen María, es el momento previo a ser trasladado al Sepulcro. El análisis de todas ellas sería prácticamente igual, ya que las tres presentan a la Virgen de una manera sedente, con rasgos de dolor y con Cristo muerto en su regazo, la Piedad del Baratillo y la de los Servitas tendrán la cabeza de Cristo sobre su mano derecha, mientras que la Piedad de la Mortaja tiene la cabeza de Cristo sobre su regazo y el cuerpo en el suelo.
Como no puede ser de otra forma, la iconografía de la Piedad, o Sexta Angustia de la Virgen ha sido muy representada y difundida en el Arte Cristiano a lo largo de la Historia, pero en este artículo solamente compararemos a cada una con otra obra de Arte. Primeramente, creo que es bien sabido por toda la gran similitud que existe entre la Piedad del Baratillo con la Piedad del Vaticano, realizada a finales del siglo XV por uno de los grandes escultores de todos los tiempos como es Miguel Ángel Bounarroti, seguramente tanto Fernández Andes, en el caso de la Virgen, como Buiza en el caso del Cristo tuvieran ese claro referente a la hora de hacer, a mediados del siglo pasado dicho conjunto escultórico.

En segundo lugar, por orden de estación de penitencia a la Catedral, tenemos a la Virgen de la Piedad y el Cristo descendido de la Cruz, de la Morjaja, cuyas imagen de la Piedad es anónima del XVII y el Cristo de Cristóbal Pérez del año 1677, y este conjunto escultórico, a mi en su iconografía, se me asemeja bastante a la pintura del mismo motivo, que realizase el Greco en el siglo anterior, en ambas vemos a la Virgen de manera sedente, con rasgos de dolor, en el caso de la pintura del Greco, mira al cielo, así mismo vemos a Cristo con la cabeza apoyada en el regazo de su madre, mientras el cuerpo esta en el suelo, y alrededor de esta iconografía encontramos a otros personajes, como pueden ser Sta. María Magdalena y San Juan Evangelista, en el caso del cuadro del Greco y en el misterio de la Mortaja, podemos ver además de estos, a los Santos Varones tras la Virgen, y a María de Salomé y María de Cleofás. En gran cambio que se aprecia entre estas dos Piedades es que la del Greco tiene un gran sabor manierista, corriente artística en la que pintaba dicho artista, y la Piedad de la Mortaja vemos un claro gusto barroco.

Por último, la Piedad de los Servitas, la cual es obra del gran imaginero sevillano Montes de Oca, y realizada a comienzos del siglo XVII, es una obra muy interesante en la cual vemos a Cristo muerto sobre el regazo de María, mientras esta, con claro gesto de profundo dolor, sujeta la cabeza de su hijo con la mano derecha. Esta obra también podríamos compararla con la Piedad del Vaticano y con muchas otras, pero en este caso la vamos a comparar con una Piedad que realizó el gran artista renacentista Sandro Boticelli, el cual pintase el Nacimiento de Venus o La Primavera, a parte de ello en el catálogo del pintor también podemos encontrar pintura religiosa y entre ellas esta maravillosa piedad, realizada a finales del siglo XV, en la que podemos ver un profundo dolor en toda la escena, en la que a parte de estar la Virgen y Cristo, también vamos a Sta. María Magdalena a los pies de Cristo, las dos Marías a ambos extremos del cuadro, una de ellas con la cara cubierta en alusión al profundo dolor que sentían en ese momento y la otra agarrando y mirando la cara de Cristo. En la zona superior podemos ver a José de Arimatea que, mirando al cielo, muestra los clavos y la corona de espinas, bajo él, vemos a San Juan abrazando a la Virgen y en el centro de la composición vemos a Cristo muerto en el regazo de su Madre, la que presenta un gesto de profundo dolor. Aunque todas estas imágenes no las podamos ver en el paso de misterio de los Servitas, pero en algunos cultos han aparecido las imágenes de San Juan Evangelista y la Magdalena a los lados de la Piedad. Entre la Piedad de Boticelli y la de Montes de Oca, a parte de todo esto vemos un gran cambio, que es la posición de Cristo ya que, en el lienzo, la virgen sujeta su cabeza con la mano izquierda, mientras que la de Montes de Oca lo hace con la derecha.

Como podemos ver, la Semana Santa, aparte de ser arte ya de por sí, bebe y se inspira en muchas otras obras de arte de los grandes artistas de siglos pasados, ya sea directa o indirectamente, o tan solo por parecidos y comparaciones.

Mario Rosales Antequera.
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martes, 2 de junio de 2020

La leyenda de la Virgen del Rocío

En Andalucía, tierra mariana por excelencia, existe una fiesta disfrutada por muchos en la provincia de Huelva, podríamos decir que hablamos de las más grandes romerías y fiestas ya no solo en el territorio Andaluz, si no en el territorio español. Efectivamente, hablamos de la Virgen del Rocío, situada en una pequeña aldeita junto a Almonte, la cual celebra su fiesta más grande en la víspera de pentecostés. ¿Y si os dijéramos que este fervorosa imagen tiene tras ella una leyenda oculta?
La leyenda de la que hablamos es la que nos cuenta la aparición de la virgen. Según varias referencias populares, en el siglo XV un cazador perteneciente a la Villa de Almonte , mientras paseaba con sus perros observó cómo en un olivo cercano a las marismas de aquel lugar llamado la Rocina los perros parecieron volverse locos, comenzando a ladrar sin ton ni son. El cazador, pensando de que de una nueva presa se trataba, se acercó, sorprendiéndose al ver a una virgen situada entre las ramas. Era una talla que llevaba puesto un manto de lino blanco y verde, y en su espalda se había tallado: Nuestra señora de los remedios.
El hombre no se lo pensó dos veces, y decidió llevársela a casa. Pero a mitad del camino, se sintió cansado y decidió recostarse en una piedra para así descansar un rato. Al despertar de aquella siesta Lila, se percató de que algo fallaba, y es que la virgen ya no estaba a su lado. Afligido volvió al lugar y la vio en el mismo sitio donde la encontró, comprendiendo que allí querría que se le venerara culto. El cazador volvió a Almonte a contar lo ocurrido, y Salió el clero y el cabildo al lugar de la partición. La vieron tan encantadora que comenzó a ser el motivo de la más fervorosa devoción en ese mismo momento.
La aldea del Rocío se encuentra en un punto equidistante entre localidades de las tres provincias Cádiz, Huelva y Sevilla; por lo que, su emplazamiento estratégico, ha hecho pensar a los historiadores e investigadores del fenómeno rociero, que la ubicación de su ermita hubiera sido promovida con una finalidad evangelizadora, y más concretamente de cristianización del lugar, tras la reconquista de estos territorios a la población islámica. Desde el siglo XIII, tras la reconquista, este espacio (Doñana)  fue nombrado cazadero real, porque desde un principio los monarcas cristianos supieron de la abundancia de caza en estas tierras, y por tal motivo han permanecido casi intocadas por el hombre, quien tan sólo se adentraba en ellas con finalidades cinegéticas o para aprovechar los recursos naturales tales como la piña o la madera, lo que ha hecho que hayan llegado hasta nuestros días de una manera que diríamos, tan natural. Se tiene constancia de la ermita desde el 1309.


María Orellana Cózar.
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jueves, 28 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: El Descendimiento

De nuevo un jueves más volvemos con este artículo que pone en relación la Semana Santa con el Arte, en el artículo de hoy vamos a tratar un paso de misterio que pasa desapercibido en Sevilla, aun siendo uno de los más magníficos misterios que procesionan en nuestra Semana Santa. Se trata del misterio que procesiona en la tarde del Jueves Santo desde la Parroquia de la Magdalena, el misterio de la Quinta Angustia, de Pedro Roldán.
Este misterio claramente barroco es uno de los más impresionantes de nuestra ciudad, ya sea por las andas que posee, la composición del mismo, la riqueza de las imágenes, o por la situación y movimiento de Cristo mientras está en siendo descendido de la cruz, detalles que en su conjunto lo hacen único.

Este misterio, menos la imagen de la dolorosa, tienen la autoría del taller de Pedro Roldán, hacia el año 1659, por eso mismo, el autor se pudo inspirar para la composición de dicha escena en un lienzo del siglo XVI que se encontraba en la Iglesia de Santa Cruz, realizado hacia el 1547 por el pintor Pedro de Campaña, en dicha obra podemos ver la misma escena, la del descendimiento de Cristo, y podemos ver unas características que también podemos apreciar en la obra de Pedro Roldán, ambas tienen una composición triangular, siendo Cristo el vértice superior y las imágenes de las Marías, la Virgen y San Juan Evangelista serían el lado del triángulo opuesto al vértice. También podemos apreciar la increíble similitud que hay entre la forma del cuerpo del Cristo que pinta Campaña, con la que tiene el que realiza Roldán, aunque este último le da un patetismo más típico del barroco, ya que esa es una de las pocas diferencias que presentan, ya que el lienzo pertenece al Renacimiento y la composición escultórica de Roldán al Barroco sevillano. También en ambas composiciones podemos ver un triangulo invertido, siendo este el que forman los Santos Varones en la parte superior, y el pie de la cruz, siendo el vértice inferior.
Seguramente a parte de esta obra de Pedro de Campaña, Pedro Roldán tuviera muchas otras fuentes de inspiración, ya que en la época estaba muy de moda los grabados y las copias en ellos de imágenes, ya fuesen lienzos o esculturas, de todas las épocas, para darlas a conocer, y además muchas de ellas llegaban a Sevilla, ya que en esta época la ciudad de la Giralda era la puerta al nuevo mundo, pero esta obra la tendría como principal referente ya que se encontraba en la ciudad de Sevilla y podría ir a disfrutarla cada vez que le hiciera falta.

También al hablar de Quinta Angustia debemos hablar de la Virgen, ya que pese a ser Cristo el protagonista de la composición, la Virgen también toma un papel importante, ya que Ella fue la sufridora de esas angustias o dolores que atraviesan su corazón con dagas, siendo este momento, el del Descendimiento de Cristo muerto, la quinta de sus siete angustias.

Mario Rosales Antequera.
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martes, 26 de mayo de 2020

La leyenda del Cristo de los Faroles


Si alguna vez has paseado por la capital cordobesa, no tenemos ninguna duda de que has acabado enamorado y deseando volver a pasear por sus calles. Pero, si ya la ciudad de por si te enamora, más lo hará cuando conozcas las innumerables leyendas que ella oculta. Ya hemos hablado en el blog de la leyenda de la virgen de las angustias; también es muy conocida la leyenda del esparraguero, un Cristo crucificado traído de las Américas al que la plebe cordobesa le regala espárragos. Pero hoy vamos hablar del Cristo de los faroles, y de la leyenda que a él se le adjudica.

Si habéis paseado por Córdoba, cuando entres por la cuesta del Bailio llegas a la plaza de los capuchinos, una plaza muy transitada y famosa por la imagen que allí alberga. Aunque en realidad no se llame Cristo de los faroles sino que se llame Cristo de los desagravios y misericordia, es una escultura que ha sido rebautizada por los cordobeses ya que posee a su alrededor ocho faroles que representan las provincias andaluzas. Hablamos de una escultura realizada a finales del siglo XVIII y que ha sido protagonista de innumerables coplas, canciones populares y leyendas, ya que siendo una escultura de mármol se podría decir que es de las más veneradas de Córdoba. Y es que el lugar donde está situada, la plaza de los capuchinos, hace que este Cristo impacte más ya que la plaza posee el empedrado original del casco histórico cordobés.
Pero si ya en lugar de por si os parece mágico, más os parecerá cuando conozcáis la leyenda que a este lugar y a esta imagen se les adjudica. Según una leyenda popular, desde que la imagen del Cristo se colocó en aquella plaza, todas las noches se escuchaban pasos firmes paseando por allí. Algún que otro curioso se atrevió a sumarse para ver qué ocurría, encontrándose frente al Cristo a un hombre encapuchado, el cual avanzaba lenta y sigilosamente, como si en vez de andar levitase. Una vez frente a la imagen, aquel misterioso hombre susurraba unas palabras incomprensibles, y luego desaparecía misteriosamente.

Nunca nadie logró ver su rostro, ni siquiera logró identificarlo. Pero una noche el hombre encapuchado reveló su secretos a la comunidad que custodiaba la imagen del Cristo. Se trataba de un soldado que años atrás fue asaltado por unos bandidos, y estando a punto de morir despertó desorientado frente a la imagen del Cristo de los faroles. Desde entonces, aquel hombre visitaba al Cristo que lo salvó todas las noches a la hora del asalto, únicamente para agradecerle por su vida. No sabemos si este hombre era real o si de una presencia fantasmal hablamos, lo que sí podemos decir es que, una vez contada su historia, aquel señor desapareció para siempre, y nunca más volvió agradecerle al Cristo de los faroles que lo salvó.

Pero no es solo esta la única anécdota que ronda alrededor del Cristo de la plaza. Y es que un hilo en la red social de Twitter haría que de esta imagen y de esta plaza se volviese a hablar. Pero esta vez no tiene relación alguna con el Cristo, sino con la reja que lo rodea. Según cuenta este tuitero a principios del siglo XX un vecino se encargaba de manera altruista de la custodia mantenimiento del monumento. El mismo era el que pagaba los gastos de las lámparas de aceite que por aquel entonces rodeaban al Cristo cordobés. Este mismo vecino veía como otros monumentos más “insignificantes” a nivel devocional poseían rejas que lo custodiasen.  Así que el mismo decidió pagar una nueva reja que se instaló en 1924. El alcalde de Córdoba, José Cruz Conde, tras conocer la opinión de la comisión de monumentos de la ciudad, decidió que la reja debería retirarse. Este asunto llegó hasta Madrid, donde el vecino defensor de la reja explicó que lo que debería de hacerse era eliminar las lámparas de aceite y sustituirlas por lámparas eléctricas para que las escaleras que se usaban para encenderlas no deteriorasen las columnas que rodean a Cristo. Así, sin hacer caso omiso de la instalación de la reja, se pasó a cambiar las lámparas y no solo la reja se quedó donde estaba, sino que hoy en día es un lugar que cualquier viajero que visita la ciudad va a ver.

María Orellana Cózar.
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jueves, 21 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: El Santo Traslado

Una semana más volvemos a traer un nuevo artículo sobre la Semana Santa y el Arte. En el día de hoy vamos a ver la relación que hay entre el considerado por muchos, mejor misterio de la Semana Santa sevillana y un lienzo del último tercio del siglo XIX.

A mediados del siglo XX cuando surge la hermandad de Santa Marta le encarga al imaginero gaditano, Ortega Bru un misterio poco común hasta entonces en Sevilla, ya que en la época no procesionaba ningún Santo Traslado al Sepulcro, ya que la Sagrada Mortaja lo que representa es a Cristo en los brazos de su madre, tras haber sido bajado de la Cruz, una piedad, al igual que la vemos en el primero de los pasos del Baratillo y de los Servitas, pero en el caso de la Mortaja, vemos que la piedad está acompañada por los Santos Varones, San Juan Evangelista, Santa María Magdalena, María Salomé y María Cleofás. Si bien la iconografía que representa en su paso la Sagrada Mortaja es justamente la anterior del traslado al Sepulcro, por ello en el misterio de Santa Marta vemos las mismas personas, pero con una disposición diferente, ya que la Virgen está en la trasera del paso acompañada por San Juan Evangelista, los Santos Varones son los que portan y trasladan el cuerpo de Cristo, siendo Nicodemo el que vemos en el frontal del paso, también vemos la inconfundible Sta. María Magdalena en el lado derecho de Cristo, queriendo relacionarse con el espectador, y en el lado opuesto a las otras dos Marías, junto a Santa Marta.


Sabiendo esto, vemos que en el catálogo pictórico de Ciseri se encuentra un lienzo llamado Traslado al Sepulcro o La conducción de Cristo al Sepulcro, donde vemos una imagen muy parecida a la que Ortega Bru realiza para el misterio de la hermandad de Santa Marta, aunque con algunas diferencias, como que en vez de portar el cuerpo de Cristo solamente los Santos Varones, en el lienzo se ven ayudados por San Juan Evangelista, por ese motivo, la Virgen María esta acompañada y siendo consolada por una de las Marías, mientras vemos como la otra se echa la mano a la cara en gesto de dolor e incredulidad, el otro cambio significativo es que vemos a la Magdalena en un tremendo patetismo, con un gesto de sumo dolor, echando el torso hacia delante y llevándose las manos a la cara, aunque no la vemos por que la tapa el pelo, que cae hacia delante a causa de la forma del cuerpo. En este lienzo tampoco vemos a Santa Marta. Podemos afirmar que Ortega Bru conocería esta obra antes de la realización del misterio de la Hermandad de Santa Marta.

También algunos autores afirman que este misterio tiene cierto parecido y que Ortega Bru también podía haberse inspirado en la Piedad del Duomo, una obra que el escultor florentino Miguel Ángel realizaría para su sepulcro. En la cual vemos a Cristo en vez de en los brazos de su madre, en los de Nicodemo (en el que se autorretrato el artista) a uno de los lados de Cristo vemos a la Magdalena sosteniendo a Cristo y al opuesto a la Virgen María abrazando a su hijo. Esta es una obra tremendamente manierista, en la que el cuerpo de Cristo forma una clara línea ‘serpentinata’, la cual no vemos en el Cristo de la Caridad, estando el cuerpo acorde a los movimientos del barrocos. Esta obra, como curiosidad, Miguel Ángel no llegó a concluirla.

Como curiosidad en referencia al lienzo de Ciseri, podemos añadir que la Cofradía del Santo Traslado de Málaga representa en su trono de Cristo una escena aún más parecida a dicho lienzo, aunque también contiene algunos cambios.

Mario Rosales Antequera.
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martes, 19 de mayo de 2020

El milagro del maremoto de Cádiz

Nos remontamos al año 1755. En la capital gaditana sucede uno de los peores hechos que marcaron su historia. Efectivamente, hablamos del maremoto provocado por el terremoto de Lisboa en el año 1755. Un maremoto que, sorprendentemente por la magnitud y la longitud que poseía sus olas, dejó un número bajísimo de víctimas.

Y es que, cuentan las crónicas, que en el día 1 de noviembre, día de todos los santos y fiesta muy marcada en la capital, siendo como a las 10:00 de la mañana se experimentó un fuerte terremoto que provocó una fuerte subida del mar.
El mar se embraveció, y se dejó ver por las antiguas calles de la ciudad, dejando a su paso una multitud de ciudadanos que, asustados como es de lógica, gritaban y se lamentaba pidiendo a dios que los salvase de esto. La localización de la crónica explica minuciosamente como la fuerza del mar entró por el barrio de la Viña desde la Caleta, y arrasó y arrastró trozos de la muralla y del hospicio.
Según una crónica de la época, redactada por un hermano que era el secretario del Archicofradía de la Palma, cuenta que dos sacerdotes, fray Bernardo de Cádiz y Francisco Macías, salieron a la calle acompañados de varias personas. Dichos sacerdotes portaban en sus manos un crucifijo y el estandarte de la que entonces era la cofradía de la virgen de la Palma, la cual se encontraba en la iglesia de la Palma, situada en el ya mencionado barrio de la Viña.
Y llegando casi a mojarse los pies, y dando el padre Macías con el estandarte en el suelo gritó: hasta aquí madre mía. Y aquella embravecida ola regresó a su lugar de origen, sucediendo el milagro de que la virgen de la Palma frenase aquel maremoto, y por lo tanto, lo que podría haber sido una enorme tragedia.
Desde aquel 1 de noviembre, la ciudad de Cádiz ha mostrado su agradecimiento por salvar a la ciudad de las consecuencias de aquella catástrofe, y cada 1 de noviembre se festeja desde entonces en su honor. Poco después, se instala en aquella misma calle una placa conmemorativa con la imagen de la virgen salvando la ciudad de la ola.

Como hecho anecdótico, podemos destacar que en el año 2008, debido a unas obras en la calle, la placa tuvo que ser retirada de la pared. Dio la casualidad que justo cuando esto pasó la ciudad sufrió un fuerte temporal de lluvia, el cual inundado por completo el barrio de la viña, provocando que ese hecho demostrase a los que lo ponían en duda que la devoción de los vinieron a la virgen de la Palma se debe como voto de favor ante la protección de aquella catástrofe que pudo acabar con la población gaditana.   

María Orellana Cózar.
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jueves, 14 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: Jesús ante Anás

Continuamos con la serie de artículos que comenzábamos hace algunas semanas, que tratan sobre la relación que hay entre la Semana Santa y el Arte. En el día de hoy vamos a tratar la escena del Evangelio en la que Jesús es abofeteado por un sayón judío, mientras que es juzgado por Anás.
Como hemos visto en artículos anteriores, muchas de las iconografías que hoy día representan los pasos de misterio que vemos en la Semana Santa, provienen de grabados, lienzos, o esculturas de la Edad Moderna que se realizan por toda la Europa cristiana. Gracias a los grabados, que hacen de esas obras, se puede dar mayor difusión a una obra, ya que es más fácil de transportar una hoja, que un lienzo o una escultura.
Izq: A.Durero | Dcha: Wierix

Hoy, de nuevo nos vamos a centrar en los grabados de dos artistas que vivieron entre el siglo XV y el XVI. El primero de ellos, Alberto Durero, en su serie de grabados El teatro de los misterios, ya aporta la iconografía en la que Cristo es abofeteado por un sayón, pero esta representación porta una crudeza y una agresividad, donde podemos apreciar a Cristo en una posición agachada, algo forzada y esperando para recibir el golpe, que nada tiene que ver con el misterio que Antonio Castillo Lastrucci realizara para la Hermandad de la Bofetá y que se estrenase en el año 1923. Esta misma representación la podemos ver en un grabado algo posterior, de Wierix, donde si se asemeja más al conjunto que realiza Castillo Lastrucci. En esta obra se puede ver una representación del momento en el que Malco, aquel mismo al que San Pedro le corta la oreja en el Huerto de los Olivos (pasaje que podemos ver en el paso de misterio de la Hdad. del Dulce Nombre de Bellavista), está en posición de darle una bofetada a Cristo para que este hablase, pero en contraposición con el grabado de Durero, en este se muestra a Cristo en pie, erguido, con una mansedumbre y resignación impropia ante la brutal agresión que va a recibir.


En el paso de misterio de la cofradía del Martes Santo, podemos ver como escena central a Malco golpeando a Cristo, mientras que el ex pontífice Anás y algunos sanedritas de su corte le intentan interrogar sobre sus enseñanzas, en el mismo podemos ver judíos observando la escena y un romano. Como curiosidad podemos decir, que este misterio rompe con la estética neoclasicista que estaba de moda hasta el momento, la cual ponía a unas imágenes secundarias frente a otras, dejando un espacio abierto para que el espectador viese el misterio representado, como ejemplo aún tenemos en esta estética el misterio de la Hdad. de las Siete Palabras y el paso de la Virgen de Villaviciosa, del Santo Entierro, siendo este el ejemplo más notable. Castillo Lastrucci, por el contrario, reúne a las imágenes en grupos, haciendo que se relacionen e interactúen unas con otras, y también con el espectador, ganando más poder el conjunto al completo que la imagen en sí. Esto fue una novedad en la época que hizo que otras hermandades le encargasen a este autor la realización de una nueva representación para su paso de misterio, y también que otros muchos autores optasen por seguir su nuevo modelo.

Mario Rosales Antequera.
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martes, 12 de mayo de 2020

La leyenda del Medinaceli

Nos alejamos un poco de Andalucía, aproximadamente a 500 km de ésta nuestra tierra, para traer la leyenda de las leyendas, esa leyenda que ha traído a nuestra era la iconografía y advocación de muchas imágenes devocionales. Hablamos de la famosa leyenda del Cristo de Medinaceli, o también conocido como Nuestro Padre Jesus Cautivo y Restado. Pero, ¿por qué cautivo y rescatado? En seguida lo sabremos.

La imagen del Cristo de Medinaceli de Madrid fue llevada en el año 1614 por los frailes capuchinos a La Mamora, en Marruecos, para que recibiera culto por parte de los soldados que allí se encontraban, ya que hay que recordar que estas tierras pertenecían a España. Pero en el año 1681 la ciudad cayó en mano de los árabes, gobernados por el sultán Muley Ismail, y éste en señal de victoria, decide mandar a la imagen a la ciudad de Mequinez.
Una vez en esa ciudad, la talla es arrastrada y tirada por las calles para que la gente se mofara de ella. Pero un padre trinitario, al ver lo que estaba sucediendo, decide hablar con el sultán para poner fin a esto y rescatar la imagen del señor, proponiendo ofrecerle tanto oro como pesase la talla.
Un vez allí, al pesarlo redujo muchísimo su peso, algo que enfadó muchísimo al sultán, y costándole a los pobres frailes no más que dos o tres monedas de oro. Esto fue un milagro, y al ser rescatado por los padres trinitarios y cautivo por los árabes, de ahí sale su advocación: Jesús Cautivo y Rescatado.

También cabe destacar que, como la orden trinitaria fue la encargada de rescatarlo, es común que la imagen de todos los Medinaceli posean un escapulario con el escudo trinitario, el cual esta compuesto de una cruz roja y azul. Este escapulario era el salvoconducto para dejar pasar a la imagen a tierras cristianas, y significaba que los trinitarios pagaron por ella.

En el año 1682, la imagen es llevada a Madrid, donde es recibida con gran devoción, realizándose una procesión en honor a su llegada. En el 1710 se crea la Congregación de Esclavos de Jesús Nazareno, y comienza a conocerse la imagen como Jesus del Medinaceli, ya que la capilla donde se encontraba pertenecía al duque de Medinaceli.

Por último, tal fue la devoción que alcanzó esta imagen que, durante la Guerra Civil Española, la imagen fue trasladada a diversos lugares dentro de Esapaña, para ser así protegida por los bombardeos de Madrid, saliendo finalmente hacia Suiza en el año 1937 para participar en una exposición, y volviendo en el año 1939 para quedarse para siempre a aquel lugar que lo rescató.

María Orellana Cózar.
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jueves, 7 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: La Crucifixión de Miguel Ángel y el Cristo de la Expiración

La semana pasada comenzábamos con esta nueva serie de artículos que relacionan la iconografía de las imágenes que procesionan en la Semana Santa de Sevilla, con importantes obras de arte de los más afamados artistas a nivel mundial, en la entrega de hoy de nuevo volvemos la mirada al siglo XVI para tratar la relación que puede existir entre una obra pictórica del gran artista florentino Miguel Ángel Buonarroti y el Crucificado que Marcos Cabrera hiciera para la Cofradía del Museo en el año 1575.

Miguel Ángel tuvo un encargo de su amante Victoria Colonna, marquesa de Pescara y una de las mujeres más influyentes del cinquecento italiano. Esta pidió a Miguel Ánguel un cuadro con la Crucifixión para colocarlo en su oratorio privado, Miguel Ángel hizo algunos bocetos, que hoy se pueden ver en el Museo del Louvre y en el Museo Británico, los cuales se harán grabados que serán difundidos por toda Europa. El resultado final de este encargo sería una Crucifixión con la Virgen María y San Juan Evangelista, al cual le añade cuando su amante muere, la imagen de María Magdalena abrazada a la cruz. Hoy día esta obra desgraciadamente no la conservamos, pero sí se conservan algunas copias que ralizarían sus discípulos, una de ellas se encuentra en España, más concretamente en la Concatedral de Logroño, la cual muchos expertos en la materia se la atribuyen al mismo Miguel Ángel.

Izq: Museo Británico/ Centro: Museo del Louvre/ Dcha: Concatedral de Logroño

No sabemos cual de esas obras fue la que inspiró a Marcos Cabrera para realizar el encargo que le hizo la Cofradía del Museo, pero está claro que este artista las conocía ya que el Cristo del Museo es una obra tremendamente manierista, donde podemos apreciar la línea expresiva ‘serpentinata’ y un audaz escorzo que marcan con un ritmo ascendente la contorsión corporal hasta concentrar dramáticamente en el rostro todo el peso del dolor humano y divino del Redentor. En el rostro, donde Cabrera queriendo acentuar las notas trágicas al inminente final, introduce un intencionado patetismo de estética naturalista, que precursiona el barroco sevillano.
La enorme fuerza expresiva, dotada de un inédito dinamismo se hace presente en el valiente escorzo que le hace ‘salirse del paso’ cuando procesiona en la noche del Lunes Santo. Esta imagen consta de una particularidad, al igual que otras imágenes de Sevilla, de la misma época, no está realizada en madera, sino en papelón, un material más ligero y barato.
El tremendo éxito y calidad de esta imagen hizo que la cofradía mandase a tirar los moldes al río Guadalquvir, aunque esto no sabemos si fue cierto, ya que es una de las tantas leyendas populares que tiene Sevilla y su Semana Santa.

Mario Rosales Antequera.
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miércoles, 6 de mayo de 2020

La canina de Huelva

Más que una leyenda, hoy traemos un poco de historia de la capital onubense. Muchos no lo sabemos, pero durante una quincena de años procesionó por las calles de Huelva un paso con un esqueleto, denominado “La Canina”, que pertenecía a la hermandad del Santo Entierro, similar al que hoy en día procesiona aún en Sevilla.
Este paso era una representación alegórica, es decir, no representa un momento específico de la pasión de Cristo, si no que es una especie de representación de la victoria de la vida sobre la muerte. En esta representación podemos ver un esqueleto, de ahí el nombre “canina”, sentada sobre la bola del mundo en posición pensativa o decaída, con una cruz vacía tras ella donde se apoyan dos escaleras que representan el momento del descendimiento de Cristo.
La hermandad el Santo Entierro de Huelva durante la guerra civil española desaparece, ya que durante esta guerra pierde la mayor parte de su patrimonio. La pérdida más grande para los hermanos sin duda fue la de las imágenes, de un valor incalculable, no solo por la antigüedad si no por la devoción de la ciudad.
Tras la guerra la hermandad se refunda, siendo uno de sus refundadores un médico muy aficionado a la Semana Santa sevillana. Como la hermandad había perdido todo su patrimonio y sus imágenes, el médico propuso coger un esqueleto de su consulta, barnizarlo para que quedase sentado y con posición abatida, y usarlo en un paso basándose en la hermandad del Santo Entierro de Sevilla, y así suplir la carencia de los titulares hasta recuperar un poco de dinero para contratar a un imaginero. Y así se le dio el origen del paso de “La Canina” de Huelva, que procesionó desde 1945 hasta 1960 aproximadamente.
Pero este paso no tuvo mucha aceptación, ya que el pueblo le tenía temor a ese esqueleto, habiendo incluso una leyenda que decía que, si paraba delante de alguien, esa persona moriría al poco tiempo. El paso dejó de salir cuando se le encarga a León Ortega la tala de la Virgen de las Angustias, que sale en el mismo paso donde salía originariamente la canina. Desconocemos cual fue el destino de ese esqueleto, aunque seguramente se desecharía al no tener valor alguno.
Hay una anécdota que rula por la ciudad de Huelva, la cual dice que a la canina se le hizo una canción y la llamaban “pelona”, ya que en aquella época había un policía llamado Mateo que rapaba a la gente en sus casas para evitar las plagas de piojos. La gente cuando lo veía por la calle se metía en casa de los vecinos para parecer que no estaban en casa, haciendo una canción donde decía que el tal Mateo había dejado sin pelo a la canina, cantándola los niños al pasar por la hermandad.

María Orellana Cózar.
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jueves, 30 de abril de 2020

La Semana Santa y el Arte: La iconografía de Cristo Pensioroso

La inspiración en modelos pictóricos siempre ha sido una fuente de inspiración y un modelo al que recurrir por los artistas que trabajan para la Semana Santa de Sevilla, tanto en el pasado como en el presente. En esta serie de artículos trataremos la relación de la iconografía tanto de imágenes, como misterios que vemos en la Semana Santa de Sevilla.
En el artículo de hoy trataremos la iconografía de Cristo sentado en una peña, antes de ser crucificado, la cual se pone de moda a finales del siglo XV y principios del siglo XVI en el norte de Europa. Estas imágenes que serán conocidas en esa zona como ‘Cristo de la Humildad y Paciencia’, ‘Cristo de la Piedad’, ‘Cristo de las Penas’ o ‘Cristo Pensioroso’, que mitológicamente esta identificado con la ‘Tristeza de Saturno’.

El artista alemán Alberto Durero realiza una serie de grabados donde podemos encontrar dos modelos parecidos de la iconografía que citamos anteriormente, Cristo semidesnudo sentado, mientras espera a ser crucificado. Estas imágenes se exportan por toda Europa gracias a la difusión de estampas, de esa manera llegan a España y vemos como ambas iconografías tendrán el reflejo en la Semana Santa de Sevilla.
En el primero de los grabados vemos a Cristo, sentado en una peña, con la cabeza apoyada en una mano, esperando a ser crucificado, es una iconografía que podemos catalogar como más intimista, y que en la Semana Santa el claro ejemplo lo podemos ver en el Señor de la Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Cena, el cual recoge perfectamente esa iconografía creada por Durero y a pesar de ser anónimo, su cronología se encuentra inmersa en el siglo XVI. También lo podemos ver en otras dos imágenes que no procesionan, el Cristo de la Humildad que lo podemos encontrar en la nave de la Epístola de la capilla de los Marineros de Triana, una imagen anónima del siglo XVII y el Cristo de la Humildad y Paciencia que podemos encontrar en la nave de la Epístola de la Iglesia Colegial del Salvador, el cual pertenece a la Sacramental de Pasión, atribuida a Antonio de Quirós está fechada en torno al año 1696.



El otro grabado que realiza Durero será dentro de una serie llamada ‘El teatro de los misterios’, con el nombre de Ecce Homo y realizada en 1511, en la que Cristo semidesnudo, sentado en un banco, eleva el rostro al cielo e implora al Padre antes de ser crucificado podemos ver también como tiene las manos cruzadas a la altura del pecho, ante él un personaje que le ofrece la caña como cetro para el rey de los judíos. Obra que nos muestra el lado humano y sufriente de Cristo. Este es un modelo iconográfico que podemos relacionar directamente con el Señor de las Penas de la Hermandad de la Estrella, que realiza el flamenco José de Arce en el año 1655.

También vemos en el escultor neerlandés Adriaen de Vires, la realización de una escultura en bronce, donde podemos apreciar la clara inspiración en el grabado de Durero, está será realizada en torno al año 1607. Obra que sirve de transito entre el Renacimiento y el Barroco. Una obra en la que también se pudo fijar José de Arce para la realización del Señor de las Penas de la Estrella, cabe recordar, que la influencia y la transmisión de contenido entre la zona de Flandes y la Península Ibérica era común, ya que ambas pertenecían a la Corona Española.


Mario Rosales Antequera.
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miércoles, 29 de abril de 2020

La Virgen del Mar de Almería

Cuentan los historiadores, que junto a la playa de Retamar, sobre la fina arena, existía una antigua ya atalaya de origen árabe. Ésta, cuando Almería se incorpora al Reino de Castilla, pasó a llamarse Torre García, funcionando de torre vigía para los pescadores almerienses. En este lugar es donde se da la fervorosa leyenda de La Virgen del Mar, patrona de la capital almeriense.
La leyenda cuenta que, en el atardecer del día 21 de diciembre de 1502, los vigías de la Torre García vieron surgir un torbellino de luces de las aguas, cuyo destello daba cobijo a una extraña silueta que se mecía al son de las olas. Vieron perfectamente como esa misteriosa imagen se acercaba a la orilla de aquella playa, despacio, rozando las olas del mar y como mecida por el viento.
Uno de los guardas, llamado Andrés de Jaén, sintió curiosidad por ese maravilloso resplandor, y decidió bajar para ver qué era lo que emitía esa luz. Él era cristiano y devoto, y su fe le suscitó que se trataba de algo divino. Asustado y casi sin aliento, se acercó, asegurando que era una imagen religiosa, en la cual se representaba a la Virgen María.
Andrés examinó esa divina talla cuidadosamente, hallando evidencias de que se encontraba en un navío, ya que tenía marcas de aros de hierro con los que la habrían sujetado en alguna zona de la nave. Este ritual era muy común en la época, y se usaba para invocar la protección divina para los marineros.
Desde entonces se dieron multitudinarias versiones de por qué llegó esa talla a la costa. Algunos dicen que fueron los mismos ángeles que la portaron hasta Almería, otros afirman que siempre estuvo ahí. Pero la más fiable y razonable de las versiones es que, el navío en el que se encontraba la imagen fue abatida por una tempestad, lo que hizo que se destrozara y la imagen quedase flotando en el mar hasta llegar a la costa almeriense.
La misma leyenda cuneta que Andrés no sabía que hacer. Quería que todo el pueblo viera a su hermosa virgen, pero por otro lado no quería dejarla sola en aquella playa, ya que si en cualquier momento desembarcaban piratas se la podrían llevar. Así que, en medio de ese mar de ideas, decidió guardarla en la Torre García, y así lo hizo. Al día siguiente llevó hasta el lugar a los canónigos de Santo Domingo,  y se la mostró. Llenos de gozo y arrodillados ante ella, la adoraron con devoción.
Cuando la noticia llegó al arzobispado de Granada, el cabildo puso en marcha su influencia para su traslado a la sede arzobispal, lo que los almerienses denegaron. Finalmente, la virgen fue encomendad al cuidado de los dominicos almerienses, bajo la advocación de Virgen del Mar. El mismísimo Papa Pío VII la proclamó patrona de Almería en el año 1806.
Por último, podemos destacar como final de esta emotiva leyenda, que en el lugar donde estaba la mencionada Torre García, hoy día inexistente, se realiza una pequeña ermita moderna que recibe el nombre de aquella torre, rememorando que en aquellas benditas arenas sucedió el milagro que hizo que Almería encontrase a su madre protectora.

María Orellana Cózar.
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