viernes, 4 de septiembre de 2015

Llega un nuevo 4 de Septiembre...

Llega un nuevo día, cargado de sentimientos, emociones y recuerdos, llega el día en el que la Madre de Dios baja del Cielo a la tierra para estar entre nosotros durante un mes.
Los primeros rayos de sol están ansiosos por ver su cara, la gente se inquieta, la Bandera volea, el eco de la caja guerrera, que resuena seca y alegremente por las calles de Cabra, se oye desde la Sierra, y el de las campanas del Santuario, que repican, se escuchan desde Cabra.
Todo está listo, ya solo queda esperar a que lleguen las cuatro de la tarde, cuando el silencio se rompa, cuando las palmas, los vítores y piropos estallen, ya no habrá marcha atrás, nos habremos dado cuenta de que otro año ha pasado, otra vez estamos delante de ti, Madre mía.
Otro año, otro cuatro de septiembre frente a frente, esta vez sin ese amigo, o familiar, que te llevaste a tu vera, o con ese nuevo miembro de la familia que con apenas unos meses de vida sus padres te presentan para que nunca en la vida le falte tu amparo. Que grande eres Madre, cuanta devoción profesas, cuántos corazones conquistas día tras día, como los conquistabas en Córdoba, mientras cruzabas el puente romano, y las aguas del Guadalquivir pararse quisieron, para no perder de vista tu rostro divino. Y el Templo principal de la Diócesis, enloquecido al verte cruzar la Puerta del Puente mandó que redoblasen las campanas, para anunciarle a la Ciudad y a la Provincia entera, que la devoción primera de la Comarca cordobesa, entraba en la Cuidad Califal con honores de Reina y Señora.
Al igual que repicarán las campanas de San Francisco y San Rodrigo cuando llegues a la Barriada que lleva tu Dulce Nombre, para anunciar a Cabra que su Patrona ya ha descendido de los Cielos sobre valientes ángeles, los mismos que la bajan y la suben año tras año, septiembre tras septiembre, octubre tras octubre...