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viernes, 23 de abril de 2021

miércoles, 21 de abril de 2021

Exposición 'IN NOMINE DEI'. Sala 4: Bordado.

Cruz de Guía. F. de Paula Isaura y E. García Armenta, 1857-1952.
Faroles. E. García de Armenta, 1949.
Hdad. de la Quinta Angustia.
Mario Rosales Antequera.
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lunes, 19 de abril de 2021

Exposición 'IN NOMINE DEI'. Sala 2: Historia y Escultura Ornamental.

Simpecado. A.Cobos, G.Carrasquilla. S.Santos. 1947.
Ángeles de entrevarales. A.Cobos, M.Seco Velasco. 1951.
Hdad. de la Amargura.
Mario Rosales Antequera.
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Andrea Díaz Álvarez.

jueves, 25 de junio de 2020

La Semana Santa y el Arte: La presentación al Pueblo


En el artículo de hoy, el último de la temporada, sobre la Semana Santa y el Arte vamos a tratar la iconografía del misterio de la Presentación al Pueblo de San Benito.
Este es uno de los primeros conjuntos escultóricos que realiza, concretamente es el segundo para la Semana Santa sevillana tras el misterio de la Bofetá, que hiciera a mediados de los años 20 del siglo XX. En este misterio podemos apreciar como Cristo esta con el torso descubierto es presentado al pueblo coronado de espinas como ‘rey de los judíos’, por Poncio Pilatos, al que vemos en un claro nexo de unión con el espectador que a pie de calle presencia este paso gracias a su postura y su mirada. Tras la escena principal podemos apreciar un centurión, un fariseo, un esclavo etíope y en la parte trasera, al lado del trono de Pilatos, a su esposa Claudia Prócula con una dama de su corte, en una escultura que nos puede recordar a la realizada años antes por el mismo escultor llamada Ensueño.
Este es uno de los conjuntos procesionales más conseguidos, desde el punto de vista compositivo y está inspirado en el lienzo que Antonio Ciseri realizase en 1871 con la misma escena con la diferencia que este pinta el lienzo desde dentro del palacio, viendo la escena desde una visión trasera, siendo en este la escena principal la figura de Claudia Procula dándole la espalda a la escena y con un claro gesto de decepción al ver como Poncio Pilatos dejaba en manos del pueblo la decisión de la libertad o no de Cristo. En la composición de este lienzo vemos un alto componente clasicista, tanto en los ropajes de las figuras, como en la arquitectura que podemos ver.
Como peculiaridad, al ser esculpidos los ropajes de las imágenes realizadas por Castillo Lastrucci, podemos apreciar gran similitud en algunos hábitos, como el de Poncio Pilatos.


Mario Rosales Antequera.
Twitter: @MarioRosales7
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martes, 23 de junio de 2020

Leyendas sevillanas

Llevamos varios meses realizando estas leyendas semanales, cada una dedicada a un lugar o una imagen en concreto, pero esta semana y para “despedirnos”, os vamos a hablar de varias leyendas ocurridas en Sevilla y que guardan relación con alguna de sus hermandades más conocidas. Y es que, siempre hemos oído sobre Sevilla leyendas como la del Cachorro de Triana, el por qué de “La Valiente” para referirse a la estrella, o cuando a la Macarena la cambiaron por un reloj, pero… ¿Sabías que hermandades como el Cristo de Burgos o Santa Cruz también tienen leyendas?

- EL CRISTO DE BURGOS.
En la puerta del Cristo de Burgos, sucedió un hecho particular y que hizo cambiar la visión y la forma de ver de esta querida imagen. Una mujer entra al templo, para rezar por la salud de un familiar que se encontraba en estado crítico. Había acudido a varios médicos y ninguno de ellos le daba una alternativa ni una cura exacta para lo que aquella persona padecía. Sin tener nadie con quien hablar ni a quien acudir, se arrodilla frente al señor y comienza a rezar, inmersa en su plegaria. Y sumida allí, nota que la temperatura baja, sintiéndose acompañada. En ese momento alza la mirada, y mira a su señor que tanta devoción le guardaba, quedándose petrificada al ver que éste la mira y le dice: No te preocupes. La señora, asustada, sale corriendo del templo, e incluso paró a varios transeúntes inmersa en el pánico que aquello le provocó. Todos la tomaban por loca, pero lo curioso es que llega a casa, y que al llegar recibe una llamada telefónica que le comunica que, aquel familiar por el que ella pedía con tanta fe al Cristo de Burgos, había tenido una notoria mejora milagrosamente, y que se encontraba bien dentro de la gravedad que padecía.


-EL NAZARENO FANTASMA.
Casi al final de Mateos Gago, nos encontramos con una iglesia que tiene mucho que contar. Hablamos De la Iglesia de Santa Cruz, iglesia que le da nombre a la hermandad que en ella habita. Aquí tiene lugar una de esas historias bellas y evocadoras, que verdaderamente nos hace pensar si hay algo más allá. Es común que, cuando una hermandad se recoge, los hermanos entran y rezan junto a sus titulares, dejando las insignias y volviendo camino a casa. Pues bien, así ocurrió, aquella noche en esa hermandad, y es que estando únicamente los miembros de la junta que se disponían a guardar los cirios e insignias, miran hacia el paso del señor y se encuentran frente a él un nazareno. Tenía el capirote bajo el brazo, y rezaba fervorosamente a su imagen titular. Uno de los hermanos, con cierto desprecio le dijo: Hermano, hemos acabado la estación de penitencia, se tiene que ir. Y el nazareno se volvió, los miró, y como si no hubiera oído nada, continuó con su rezo. La segunda vez que le llamaron la atención, éste volvió a girarse, y les hizo un gesto de como que ya se iba. Pero lejos de ello, se acercó al paso de virgen, y presinándose frente a ella, volvió a inmergirse en su rezo. Y en ese momento, el otro miembro de la junta que allí presente estaba, soltó la típica frase: No te ha hecho ni caso. El otro, ya un poco mosca, elevó el tono, y de una manera muy irrespetuosa le dijo: Hermano, que se tiene que ir, dando palmadas a la vez. Es entonces cuando el nazareno volvió a mirar, con una mirada desafiante, y se quedó allí. Fueron varias las veces que le dijeron que se marchara, y a la tercera, el nazareno se volvió, miró fijamente a sus queridos titulares, y dando un paso atrás, desapareció. Los otros dos se quedaron perplejos, era imposible que hubiera salido por la puerta, porque estaba cerrada y lo habrían escuchado. Lo cierto es que había desparecido. A partir de ese año, ese nazareno se va apareciendo de una forma alternativa, y todos los que en esa hermandad están metidos, aseguran que en Santa  Cruz hay un nazareno especial.


-EL GRAN PODER Y ARAUJO.
Juan Araujo, ex jugador del Sevilla Fútbol Club, tuvo una gran experiencia con el señor del Gran Poder. Tenía una vida próspera, cuando su felicidad se vio truncada cuando a su hijo le detectaron una enfermedad grave. Tras haberlo llevado a todos los médicos, ninguno le dio solución, y con un hilo de esperanza, acudió a San Lorenzo para pedirle al señor del Gran Poder que lo curara. Y así, la historia se repitió día tras otro, hasta que el niño murió. Es ahí cuando, enfadado, fue de luto a la capilla únicamente para decirle al Señor: Que sepas que no voy a venir más a verte por no haber querido curar a mi hijo, si quieres verme vas a tener que venir a mi casa. Pasaron los años, y se celebró una misión donde se llevaron a las imágenes a los barrios más pobres para llevar el mensaje de la fe. Y así, un grupo de costaleros llevaba al señor al hombro hacia Nervión, cuando en mitad de la noche comenzó a llover. Los hermanos, muy agobiados buscaron donde aguardar al señor para que no se mojara, y vieron la puerta de un garaje abierta. Llamaron a la puerta, y era el garaje de la casa de Juan Araujo. Éste preguntó que quien era, a lo que los hermanos contestaron: Ábranos, venimos con el señor del Gran Poder. En ese momento, el ex jugador no sabía donde meterse, y bajó a abrir la puerta, encontrándose cara a cara con el Gran Poder, que como si de un desafío de hombres se tratara, fue a verlo a su casa tal y como él le dijo que debía hacer. Es justo ahí cuando se arrodilla, y llorando pidió disculpas al señor, ya que él sí supo perdonar sus palabras, fruto de aquel enfado años atrás.


-EL MISTERIO DE LA LANZADA.
Si alguien osa a robar en una iglesia un objeto de culto, debe saber que sobre él, al igual que ocurría con los faraones egipcios, puede caer una terrible maldición. Pues bien, algo así ocurrió en la presente historia, ya que en 1421 apareció en las obras De la Iglesia de San Martín una caja de plomo con reliquias. Era la corona de espinas de Cristo, un acontecimiento que pondría en vilo la ciudad, y la cual fue guardada en una urna de cristal para que pudiera ser visitada. La espina estaba dotada de poderes curativos, y se llevaba a casa de los enfermes, entre otras cosas. Esta es la famosa espina de aquella leyenda de los Cristos de Juan de Mesa que contamos con anterioridad. Esa espina dio lugar a una hermandad. En 1657 el sacerdote Agustín de Herrera debía acudir con la espina a casa de un enfermo, y al regresar se encontró la iglesia cerrada, llevándosela a casa. Aquella noche, la casa del sacerdote fue asaltada, y entre los objetos robados estaba la reliquia. La ciudad entró en cólera, invadida por la pena y la desgracia. Pero, 30 años más tarde de aquella fatídica noche, un fiel entró en San Martín, y bajo secreto de confesión entregó la reliquia, ya que aseguraba que desde que estuvo en su poder, sus amigos y familiares solo sufrieron males y desgracias. Arrepentido, entregó la reliquia y se arrepintió. 

María Orellana Cózar.
Twitter: @MariiaOrellaana
Instagram: @mariiaorellana

jueves, 18 de junio de 2020

La Semana Santa y el Arte: La Exaltación

Una semana más y tras el jueves de Corpus Christi, te traigo una nueva entrega de esta serie de artículos sobre la Semana Santa y su relación con el Arte. En esta ocasión y ya acercándonos al final de la temporada, he tenido a bien traer la comparación y similitudes entre el misterio de la Exaltación, o los Caballos de Santa Catalina y el cuadro de La Elevación de la Cruz de Peter Paul Rubens, uno de los grandes artistas del barroco flamenco.
Este afamado pintor flamenco realizó esta obra, que es el lienzo central de un tríptico, en el año 1610-11 tras su regreso de Italia, donde conoció de buena mano las pinturas y esculturas de Miguel Ángel, ya que las formas que apreciamos en esta elevación de la Cruz nos dejan un cierto regusto manierista, mas que barroco. Rubens en Italia también conoció los cuadros de artistas barrocos, como Caravaggio que en su catálogo de obras podemos ver una crucifixión, pero en este caso no será de Cristo, sino de uno de sus apóstoles, San Pedro, y del cual podemos observar que copia la Cruz en la forma diagonal, la cual marca y centra el cuadro entero.
Esta obra es poco probable que Pedro Roldán la conociese en persona, ya que se encuentra desde sus inicios en la Catedral de Amberes, pero si cabe destacar que varias fueron las ocasiones en las que Rubens estuvo en España con el encargo de retratar al monarca español y a otros personajes de la nobleza, por lo que pudo traer con él pequeñas copias en papel de su obra y que se difundieran por todo el país, llegando alguna de ellas a Sevilla.
En la obra de Rubens podemos ver muchos detalles en común con la obra escultórica que Pedro Roldan y su taller realzasen a finales del siglo XVII, aunque centrándonos en la escena principal, que es la de los hebreos elevando la cruz para ponerla en posición vertical, en el misterio de la Exaltación vemos como en la delantera del paso se disponen dos hebreos que tiran con cuerdas del travesaño horizontal de la Cruz, para facilitar la estabilización de la misma, mientras que en la pintura de Rubens solo vemos uno en la esquina inferior derecha, a parte de estos, tanto en el misterio de la Exaltación como en el cuadro de Rubens, vemos a varios personajes al pie de la Cruz para elevarla y situarla en su sitio, además de algunos empujando desde detrás de la cruz para ayudar a levantarla, cosa que Roldán y su taller reduce a dos personajes para que no quede tan cargado el paso. Centrándonos ahora en la figura de Cristo, en ambos podemos observar como su mirada se dirige al cielo y su cuerpo hace una ligera espiral, propia del movimiento que presentaría la Cruz al elevarse de una manera irregular, pero siendo el Cristo que pinta Rubens mucho más manierista, que la obra de Roldán, en la cual podemos apreciar una gran influencia barroca de otros crucificados de la época.
Esta es una prueba más de que la Semana Santa, a parte de ser una obra de arte en sí, bebe y los artistas que  trabajan para ella se influencian de los mejores artistas, tanto de la época, como de años o siglos anteriores.

Mario Rosales Antequera.
Twitter: @MarioRosales7
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jueves, 4 de junio de 2020

La Semana Santa y el Arte: La Piedad

Una semana más volvemos con un artículo sobre la Semana Santa y el Arte, en este no hablaremos en lo que se inspira un solo imaginero para componer y disponer un misterio, sino que hablaremos de un grupo escultórico que se viene representando desde tiempos medievales y que, en diferentes variantes, han llegado a la Semana Santa de Sevilla, hablamos de la Sexta Angustia de la Virgen, más popularmente conocida como la piedad.
En Sevilla hay tres conjuntos escultóricos que representan la Sexta Angustia de la Virgen, que son, la Virgen de la Piedad y el Cristo de las Misericordias del Baratillo, la Virgen de la Piedad y el Cristo descendido de la Cruz de la Mortaja y la Virgen de los Dolores y el Cristo de la Providencia, todos ellos representan el mismo momento, en el que, tras descender a Cristo de la Cruz, lo dejan en el regazo de la Virgen María, es el momento previo a ser trasladado al Sepulcro. El análisis de todas ellas sería prácticamente igual, ya que las tres presentan a la Virgen de una manera sedente, con rasgos de dolor y con Cristo muerto en su regazo, la Piedad del Baratillo y la de los Servitas tendrán la cabeza de Cristo sobre su mano derecha, mientras que la Piedad de la Mortaja tiene la cabeza de Cristo sobre su regazo y el cuerpo en el suelo.
Como no puede ser de otra forma, la iconografía de la Piedad, o Sexta Angustia de la Virgen ha sido muy representada y difundida en el Arte Cristiano a lo largo de la Historia, pero en este artículo solamente compararemos a cada una con otra obra de Arte. Primeramente, creo que es bien sabido por toda la gran similitud que existe entre la Piedad del Baratillo con la Piedad del Vaticano, realizada a finales del siglo XV por uno de los grandes escultores de todos los tiempos como es Miguel Ángel Bounarroti, seguramente tanto Fernández Andes, en el caso de la Virgen, como Buiza en el caso del Cristo tuvieran ese claro referente a la hora de hacer, a mediados del siglo pasado dicho conjunto escultórico.

En segundo lugar, por orden de estación de penitencia a la Catedral, tenemos a la Virgen de la Piedad y el Cristo descendido de la Cruz, de la Morjaja, cuyas imagen de la Piedad es anónima del XVII y el Cristo de Cristóbal Pérez del año 1677, y este conjunto escultórico, a mi en su iconografía, se me asemeja bastante a la pintura del mismo motivo, que realizase el Greco en el siglo anterior, en ambas vemos a la Virgen de manera sedente, con rasgos de dolor, en el caso de la pintura del Greco, mira al cielo, así mismo vemos a Cristo con la cabeza apoyada en el regazo de su madre, mientras el cuerpo esta en el suelo, y alrededor de esta iconografía encontramos a otros personajes, como pueden ser Sta. María Magdalena y San Juan Evangelista, en el caso del cuadro del Greco y en el misterio de la Mortaja, podemos ver además de estos, a los Santos Varones tras la Virgen, y a María de Salomé y María de Cleofás. En gran cambio que se aprecia entre estas dos Piedades es que la del Greco tiene un gran sabor manierista, corriente artística en la que pintaba dicho artista, y la Piedad de la Mortaja vemos un claro gusto barroco.

Por último, la Piedad de los Servitas, la cual es obra del gran imaginero sevillano Montes de Oca, y realizada a comienzos del siglo XVII, es una obra muy interesante en la cual vemos a Cristo muerto sobre el regazo de María, mientras esta, con claro gesto de profundo dolor, sujeta la cabeza de su hijo con la mano derecha. Esta obra también podríamos compararla con la Piedad del Vaticano y con muchas otras, pero en este caso la vamos a comparar con una Piedad que realizó el gran artista renacentista Sandro Boticelli, el cual pintase el Nacimiento de Venus o La Primavera, a parte de ello en el catálogo del pintor también podemos encontrar pintura religiosa y entre ellas esta maravillosa piedad, realizada a finales del siglo XV, en la que podemos ver un profundo dolor en toda la escena, en la que a parte de estar la Virgen y Cristo, también vamos a Sta. María Magdalena a los pies de Cristo, las dos Marías a ambos extremos del cuadro, una de ellas con la cara cubierta en alusión al profundo dolor que sentían en ese momento y la otra agarrando y mirando la cara de Cristo. En la zona superior podemos ver a José de Arimatea que, mirando al cielo, muestra los clavos y la corona de espinas, bajo él, vemos a San Juan abrazando a la Virgen y en el centro de la composición vemos a Cristo muerto en el regazo de su Madre, la que presenta un gesto de profundo dolor. Aunque todas estas imágenes no las podamos ver en el paso de misterio de los Servitas, pero en algunos cultos han aparecido las imágenes de San Juan Evangelista y la Magdalena a los lados de la Piedad. Entre la Piedad de Boticelli y la de Montes de Oca, a parte de todo esto vemos un gran cambio, que es la posición de Cristo ya que, en el lienzo, la virgen sujeta su cabeza con la mano izquierda, mientras que la de Montes de Oca lo hace con la derecha.

Como podemos ver, la Semana Santa, aparte de ser arte ya de por sí, bebe y se inspira en muchas otras obras de arte de los grandes artistas de siglos pasados, ya sea directa o indirectamente, o tan solo por parecidos y comparaciones.

Mario Rosales Antequera.
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jueves, 28 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: El Descendimiento

De nuevo un jueves más volvemos con este artículo que pone en relación la Semana Santa con el Arte, en el artículo de hoy vamos a tratar un paso de misterio que pasa desapercibido en Sevilla, aun siendo uno de los más magníficos misterios que procesionan en nuestra Semana Santa. Se trata del misterio que procesiona en la tarde del Jueves Santo desde la Parroquia de la Magdalena, el misterio de la Quinta Angustia, de Pedro Roldán.
Este misterio claramente barroco es uno de los más impresionantes de nuestra ciudad, ya sea por las andas que posee, la composición del mismo, la riqueza de las imágenes, o por la situación y movimiento de Cristo mientras está en siendo descendido de la cruz, detalles que en su conjunto lo hacen único.

Este misterio, menos la imagen de la dolorosa, tienen la autoría del taller de Pedro Roldán, hacia el año 1659, por eso mismo, el autor se pudo inspirar para la composición de dicha escena en un lienzo del siglo XVI que se encontraba en la Iglesia de Santa Cruz, realizado hacia el 1547 por el pintor Pedro de Campaña, en dicha obra podemos ver la misma escena, la del descendimiento de Cristo, y podemos ver unas características que también podemos apreciar en la obra de Pedro Roldán, ambas tienen una composición triangular, siendo Cristo el vértice superior y las imágenes de las Marías, la Virgen y San Juan Evangelista serían el lado del triángulo opuesto al vértice. También podemos apreciar la increíble similitud que hay entre la forma del cuerpo del Cristo que pinta Campaña, con la que tiene el que realiza Roldán, aunque este último le da un patetismo más típico del barroco, ya que esa es una de las pocas diferencias que presentan, ya que el lienzo pertenece al Renacimiento y la composición escultórica de Roldán al Barroco sevillano. También en ambas composiciones podemos ver un triangulo invertido, siendo este el que forman los Santos Varones en la parte superior, y el pie de la cruz, siendo el vértice inferior.
Seguramente a parte de esta obra de Pedro de Campaña, Pedro Roldán tuviera muchas otras fuentes de inspiración, ya que en la época estaba muy de moda los grabados y las copias en ellos de imágenes, ya fuesen lienzos o esculturas, de todas las épocas, para darlas a conocer, y además muchas de ellas llegaban a Sevilla, ya que en esta época la ciudad de la Giralda era la puerta al nuevo mundo, pero esta obra la tendría como principal referente ya que se encontraba en la ciudad de Sevilla y podría ir a disfrutarla cada vez que le hiciera falta.

También al hablar de Quinta Angustia debemos hablar de la Virgen, ya que pese a ser Cristo el protagonista de la composición, la Virgen también toma un papel importante, ya que Ella fue la sufridora de esas angustias o dolores que atraviesan su corazón con dagas, siendo este momento, el del Descendimiento de Cristo muerto, la quinta de sus siete angustias.

Mario Rosales Antequera.
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jueves, 21 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: El Santo Traslado

Una semana más volvemos a traer un nuevo artículo sobre la Semana Santa y el Arte. En el día de hoy vamos a ver la relación que hay entre el considerado por muchos, mejor misterio de la Semana Santa sevillana y un lienzo del último tercio del siglo XIX.

A mediados del siglo XX cuando surge la hermandad de Santa Marta le encarga al imaginero gaditano, Ortega Bru un misterio poco común hasta entonces en Sevilla, ya que en la época no procesionaba ningún Santo Traslado al Sepulcro, ya que la Sagrada Mortaja lo que representa es a Cristo en los brazos de su madre, tras haber sido bajado de la Cruz, una piedad, al igual que la vemos en el primero de los pasos del Baratillo y de los Servitas, pero en el caso de la Mortaja, vemos que la piedad está acompañada por los Santos Varones, San Juan Evangelista, Santa María Magdalena, María Salomé y María Cleofás. Si bien la iconografía que representa en su paso la Sagrada Mortaja es justamente la anterior del traslado al Sepulcro, por ello en el misterio de Santa Marta vemos las mismas personas, pero con una disposición diferente, ya que la Virgen está en la trasera del paso acompañada por San Juan Evangelista, los Santos Varones son los que portan y trasladan el cuerpo de Cristo, siendo Nicodemo el que vemos en el frontal del paso, también vemos la inconfundible Sta. María Magdalena en el lado derecho de Cristo, queriendo relacionarse con el espectador, y en el lado opuesto a las otras dos Marías, junto a Santa Marta.


Sabiendo esto, vemos que en el catálogo pictórico de Ciseri se encuentra un lienzo llamado Traslado al Sepulcro o La conducción de Cristo al Sepulcro, donde vemos una imagen muy parecida a la que Ortega Bru realiza para el misterio de la hermandad de Santa Marta, aunque con algunas diferencias, como que en vez de portar el cuerpo de Cristo solamente los Santos Varones, en el lienzo se ven ayudados por San Juan Evangelista, por ese motivo, la Virgen María esta acompañada y siendo consolada por una de las Marías, mientras vemos como la otra se echa la mano a la cara en gesto de dolor e incredulidad, el otro cambio significativo es que vemos a la Magdalena en un tremendo patetismo, con un gesto de sumo dolor, echando el torso hacia delante y llevándose las manos a la cara, aunque no la vemos por que la tapa el pelo, que cae hacia delante a causa de la forma del cuerpo. En este lienzo tampoco vemos a Santa Marta. Podemos afirmar que Ortega Bru conocería esta obra antes de la realización del misterio de la Hermandad de Santa Marta.

También algunos autores afirman que este misterio tiene cierto parecido y que Ortega Bru también podía haberse inspirado en la Piedad del Duomo, una obra que el escultor florentino Miguel Ángel realizaría para su sepulcro. En la cual vemos a Cristo en vez de en los brazos de su madre, en los de Nicodemo (en el que se autorretrato el artista) a uno de los lados de Cristo vemos a la Magdalena sosteniendo a Cristo y al opuesto a la Virgen María abrazando a su hijo. Esta es una obra tremendamente manierista, en la que el cuerpo de Cristo forma una clara línea ‘serpentinata’, la cual no vemos en el Cristo de la Caridad, estando el cuerpo acorde a los movimientos del barrocos. Esta obra, como curiosidad, Miguel Ángel no llegó a concluirla.

Como curiosidad en referencia al lienzo de Ciseri, podemos añadir que la Cofradía del Santo Traslado de Málaga representa en su trono de Cristo una escena aún más parecida a dicho lienzo, aunque también contiene algunos cambios.

Mario Rosales Antequera.
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jueves, 14 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: Jesús ante Anás

Continuamos con la serie de artículos que comenzábamos hace algunas semanas, que tratan sobre la relación que hay entre la Semana Santa y el Arte. En el día de hoy vamos a tratar la escena del Evangelio en la que Jesús es abofeteado por un sayón judío, mientras que es juzgado por Anás.
Como hemos visto en artículos anteriores, muchas de las iconografías que hoy día representan los pasos de misterio que vemos en la Semana Santa, provienen de grabados, lienzos, o esculturas de la Edad Moderna que se realizan por toda la Europa cristiana. Gracias a los grabados, que hacen de esas obras, se puede dar mayor difusión a una obra, ya que es más fácil de transportar una hoja, que un lienzo o una escultura.
Izq: A.Durero | Dcha: Wierix

Hoy, de nuevo nos vamos a centrar en los grabados de dos artistas que vivieron entre el siglo XV y el XVI. El primero de ellos, Alberto Durero, en su serie de grabados El teatro de los misterios, ya aporta la iconografía en la que Cristo es abofeteado por un sayón, pero esta representación porta una crudeza y una agresividad, donde podemos apreciar a Cristo en una posición agachada, algo forzada y esperando para recibir el golpe, que nada tiene que ver con el misterio que Antonio Castillo Lastrucci realizara para la Hermandad de la Bofetá y que se estrenase en el año 1923. Esta misma representación la podemos ver en un grabado algo posterior, de Wierix, donde si se asemeja más al conjunto que realiza Castillo Lastrucci. En esta obra se puede ver una representación del momento en el que Malco, aquel mismo al que San Pedro le corta la oreja en el Huerto de los Olivos (pasaje que podemos ver en el paso de misterio de la Hdad. del Dulce Nombre de Bellavista), está en posición de darle una bofetada a Cristo para que este hablase, pero en contraposición con el grabado de Durero, en este se muestra a Cristo en pie, erguido, con una mansedumbre y resignación impropia ante la brutal agresión que va a recibir.


En el paso de misterio de la cofradía del Martes Santo, podemos ver como escena central a Malco golpeando a Cristo, mientras que el ex pontífice Anás y algunos sanedritas de su corte le intentan interrogar sobre sus enseñanzas, en el mismo podemos ver judíos observando la escena y un romano. Como curiosidad podemos decir, que este misterio rompe con la estética neoclasicista que estaba de moda hasta el momento, la cual ponía a unas imágenes secundarias frente a otras, dejando un espacio abierto para que el espectador viese el misterio representado, como ejemplo aún tenemos en esta estética el misterio de la Hdad. de las Siete Palabras y el paso de la Virgen de Villaviciosa, del Santo Entierro, siendo este el ejemplo más notable. Castillo Lastrucci, por el contrario, reúne a las imágenes en grupos, haciendo que se relacionen e interactúen unas con otras, y también con el espectador, ganando más poder el conjunto al completo que la imagen en sí. Esto fue una novedad en la época que hizo que otras hermandades le encargasen a este autor la realización de una nueva representación para su paso de misterio, y también que otros muchos autores optasen por seguir su nuevo modelo.

Mario Rosales Antequera.
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jueves, 7 de mayo de 2020

La Semana Santa y el Arte: La Crucifixión de Miguel Ángel y el Cristo de la Expiración

La semana pasada comenzábamos con esta nueva serie de artículos que relacionan la iconografía de las imágenes que procesionan en la Semana Santa de Sevilla, con importantes obras de arte de los más afamados artistas a nivel mundial, en la entrega de hoy de nuevo volvemos la mirada al siglo XVI para tratar la relación que puede existir entre una obra pictórica del gran artista florentino Miguel Ángel Buonarroti y el Crucificado que Marcos Cabrera hiciera para la Cofradía del Museo en el año 1575.

Miguel Ángel tuvo un encargo de su amante Victoria Colonna, marquesa de Pescara y una de las mujeres más influyentes del cinquecento italiano. Esta pidió a Miguel Ánguel un cuadro con la Crucifixión para colocarlo en su oratorio privado, Miguel Ángel hizo algunos bocetos, que hoy se pueden ver en el Museo del Louvre y en el Museo Británico, los cuales se harán grabados que serán difundidos por toda Europa. El resultado final de este encargo sería una Crucifixión con la Virgen María y San Juan Evangelista, al cual le añade cuando su amante muere, la imagen de María Magdalena abrazada a la cruz. Hoy día esta obra desgraciadamente no la conservamos, pero sí se conservan algunas copias que ralizarían sus discípulos, una de ellas se encuentra en España, más concretamente en la Concatedral de Logroño, la cual muchos expertos en la materia se la atribuyen al mismo Miguel Ángel.

Izq: Museo Británico/ Centro: Museo del Louvre/ Dcha: Concatedral de Logroño

No sabemos cual de esas obras fue la que inspiró a Marcos Cabrera para realizar el encargo que le hizo la Cofradía del Museo, pero está claro que este artista las conocía ya que el Cristo del Museo es una obra tremendamente manierista, donde podemos apreciar la línea expresiva ‘serpentinata’ y un audaz escorzo que marcan con un ritmo ascendente la contorsión corporal hasta concentrar dramáticamente en el rostro todo el peso del dolor humano y divino del Redentor. En el rostro, donde Cabrera queriendo acentuar las notas trágicas al inminente final, introduce un intencionado patetismo de estética naturalista, que precursiona el barroco sevillano.
La enorme fuerza expresiva, dotada de un inédito dinamismo se hace presente en el valiente escorzo que le hace ‘salirse del paso’ cuando procesiona en la noche del Lunes Santo. Esta imagen consta de una particularidad, al igual que otras imágenes de Sevilla, de la misma época, no está realizada en madera, sino en papelón, un material más ligero y barato.
El tremendo éxito y calidad de esta imagen hizo que la cofradía mandase a tirar los moldes al río Guadalquvir, aunque esto no sabemos si fue cierto, ya que es una de las tantas leyendas populares que tiene Sevilla y su Semana Santa.

Mario Rosales Antequera.
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jueves, 30 de abril de 2020

La Semana Santa y el Arte: La iconografía de Cristo Pensioroso

La inspiración en modelos pictóricos siempre ha sido una fuente de inspiración y un modelo al que recurrir por los artistas que trabajan para la Semana Santa de Sevilla, tanto en el pasado como en el presente. En esta serie de artículos trataremos la relación de la iconografía tanto de imágenes, como misterios que vemos en la Semana Santa de Sevilla.
En el artículo de hoy trataremos la iconografía de Cristo sentado en una peña, antes de ser crucificado, la cual se pone de moda a finales del siglo XV y principios del siglo XVI en el norte de Europa. Estas imágenes que serán conocidas en esa zona como ‘Cristo de la Humildad y Paciencia’, ‘Cristo de la Piedad’, ‘Cristo de las Penas’ o ‘Cristo Pensioroso’, que mitológicamente esta identificado con la ‘Tristeza de Saturno’.

El artista alemán Alberto Durero realiza una serie de grabados donde podemos encontrar dos modelos parecidos de la iconografía que citamos anteriormente, Cristo semidesnudo sentado, mientras espera a ser crucificado. Estas imágenes se exportan por toda Europa gracias a la difusión de estampas, de esa manera llegan a España y vemos como ambas iconografías tendrán el reflejo en la Semana Santa de Sevilla.
En el primero de los grabados vemos a Cristo, sentado en una peña, con la cabeza apoyada en una mano, esperando a ser crucificado, es una iconografía que podemos catalogar como más intimista, y que en la Semana Santa el claro ejemplo lo podemos ver en el Señor de la Humildad y Paciencia de la Hermandad de la Cena, el cual recoge perfectamente esa iconografía creada por Durero y a pesar de ser anónimo, su cronología se encuentra inmersa en el siglo XVI. También lo podemos ver en otras dos imágenes que no procesionan, el Cristo de la Humildad que lo podemos encontrar en la nave de la Epístola de la capilla de los Marineros de Triana, una imagen anónima del siglo XVII y el Cristo de la Humildad y Paciencia que podemos encontrar en la nave de la Epístola de la Iglesia Colegial del Salvador, el cual pertenece a la Sacramental de Pasión, atribuida a Antonio de Quirós está fechada en torno al año 1696.



El otro grabado que realiza Durero será dentro de una serie llamada ‘El teatro de los misterios’, con el nombre de Ecce Homo y realizada en 1511, en la que Cristo semidesnudo, sentado en un banco, eleva el rostro al cielo e implora al Padre antes de ser crucificado podemos ver también como tiene las manos cruzadas a la altura del pecho, ante él un personaje que le ofrece la caña como cetro para el rey de los judíos. Obra que nos muestra el lado humano y sufriente de Cristo. Este es un modelo iconográfico que podemos relacionar directamente con el Señor de las Penas de la Hermandad de la Estrella, que realiza el flamenco José de Arce en el año 1655.

También vemos en el escultor neerlandés Adriaen de Vires, la realización de una escultura en bronce, donde podemos apreciar la clara inspiración en el grabado de Durero, está será realizada en torno al año 1607. Obra que sirve de transito entre el Renacimiento y el Barroco. Una obra en la que también se pudo fijar José de Arce para la realización del Señor de las Penas de la Estrella, cabe recordar, que la influencia y la transmisión de contenido entre la zona de Flandes y la Península Ibérica era común, ya que ambas pertenecían a la Corona Española.


Mario Rosales Antequera.
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jueves, 2 de abril de 2020

La leyenda del Cachorro


En el fervoroso barrio de Triana fue encontrada a finales del siglo XVI una imagen de la virgen oculta en el fondo de un pozo, donde probablemente la pusieron los cristianos en tiempos de la invasión árabe. El vecindario la acogió, construyendo en su honor una pequeña capilla donde rendirle culto. Muy pronto se fundó una hermandad para ella. A mediados del siglo XVII se construyó una hermandad titulada nuestra señora del patrocinio, una advocación muy de moda por ser de las predilectas de Felipe IV. Ambas se fusionaron en 1699, acordándose llamar Hermandad de la Sagrada Expiración de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima del Patrocinio.


Vivía por aquel entonces en la cava de Triana, un gitano a orillas del Guadalquivir, allá por donde estaban las chozas. Lo llamaban el Cachorro, admirándolo por su habilidad con la guitarra y con el cante jondo. Cuando participaba en las zambras o juergas de las tabernas, asumía una actitud distante, como si todo lo que hiciera fuera para el solo aunque estuviera acompañado. No se le conocieron amores, pero todas las gitanas de la cava suspiraban por el. Pero algunos despechados susurraban que al otro lado del río era donde realmente se encontraba su amor. 

Cierto día apareció por la cava un hidalgo que llamó la atención de quienes frecuentaban las tabernas del barrio. Éste preguntó si conocían a un gitano al que llamaban el Cachorro, y aunque entre la gente del bronce es común callar, se marchó de aquel lugar sabiendo que encontraba alguna pista del paradero de aquel gitano. Desde aquel día, el hidalgo se paseó por el barrio durante varios días.

Al aprobar las reglas de la Hermandad de la Expiración tuvieron que dotarlas con sus imágenes, y el cabildo pensó en un artista renombrado. Y como en aquellos tiempos alcanzaba la palma Francisco Ruiz Gijón, se le confió el trabajo de labrarla. No conseguía éste realizar algún crucificado que pudiera destacar entre las muchas y muy buenas tallas existentes en la ciudad. Durante meses realizo cientos de bocetos, pero siempre los rompía antes de acabarlos porque ninguno le satisfacía. Ante tal ansia, se olvidó de cualquier otro trabajo e incluso de comer, enflaqueciendo de manera muy notoria. 

Cayó enfermo Ruiz Gijón del tanto trabajar. Tenía mucha fiebre, pero aún así no se quedaba en la cama, si no que seguía realizando bocetos. Cierta noche en la que la fiebre le abrumaba, se levantó de su cama y se vistió, dispuesto a salir a la calle. Su familia, al ver la locura que pretendía realizar, lo intentaron parar, a lo que a gritos respondió: “-¡Dejadme! Ahora es cuando se que voy a copiar la verdadera cara de agonía del Cristo de la Expiración.” Y agarrando papel y carboncillo, abrió la puerta y se fue a la calle. 

Tenía su taller en el barrio de la Merced, cerca de la Puerta Real. Siguió por la calle Armas hacia un postigo, y salió fuera de la muralla, cruzando el puente de barcas que unía Sevilla y Triana. Al llegar al Altozano, sin saber bien donde ir, se dirigió a la capilla del Patrocinio. La fiebre hizo que perdiera la noción, y a través de la puerta de la capilla pareció ver la imagen de su futura obra. Casi poseído cogió el carboncillo y comenzó a copiar, hasta que recobró la lucidez, y se vio postrado en una puerta cerrada de un lugar que ni él mismo conocía. Pensó que estaba loco, y de nuevo la fiebre le afloró, dejándose caer en los escalones de aquella iglesia.

De repente, en la lejanía, oyó gritos de mujeres que taladraban el aire. Y luego, vio moverse luces y oyó el galope de un caballo. Acto seguido, se levantó Ruiz Gijón y alzó a andar para ver qué tan escándalo había. Fue cuando, entre las chozas y las gitanas lamentadas, halló un hombre en el suelo, retorciéndose ante los últimos espasmos de su agonía. Aquel hombre era el Cachorro, el famoso gitano de la cava que a todo el barrio cautivaba. Se le veía el pecho atravesado a espada por una rica empuñadura que su asesino dejó en su corazón clavada. 

Mientras las gitanas intentaban salvar al moribundo, Ruiz Gijón agarró el carboncillo y comenzó a copiar semejante escena, centrándose en la cara de la agonía de aquel gitano. Tras ello, abandonó el lugar donde el gitano, ya muerto, era llevado por mas gitanos al hombro. En pocos días, consiguió plasmar en madera lo que aquel día aconteció. Y cuando aquel año Salió por primera vez el Cristo de la Expiración a la calle el Viernes Santo, los gitanos del barrio comenzaron a gritar: “-¡Mirad! Es el Cachorro. ¡Es el Cachorro!” Y en efecto, era el cachorro, gitano cantaor y enamorado, al que mataron por amores en la cava de Triana y que el soplo el soplo del genio del gran artista Ruiz Gijón había convertido en la figura del más hermoso de los Cristos Crucificados que forman el tesoro escultural de la Semana Santa sevillana. 

María Orellana Cózar.
Twitter: @MariiaOrellaana
Instagram: @mariiaorellana

domingo, 29 de marzo de 2020

Lo que pudo ser y no fue, dos veces

Corría el año 1932, un año duro para las cofradías, no solo para Sevilla. Las cofradías veían perder su patrimonio, en muchas ocasiones sin poder hacer nada.
En una sociedad en la que abunda un clima anticlerical, corría el ideal de ‘’estás conmigo o contra mí’’, en ese contexto quemaron algunas iglesias e intentaron arramplar con todo lo que se les ponía por delante.
En Sevilla lamentablemente tuvimos que lamentar pérdidas, las cofradías se quedaron sin pasos procesionales, bordados, altares o incluso perdieron sus sagrados titulares, como es el caso de la Hermandad de la Hiniesta, ya que la Iglesia de San Julián, dónde residían fue pasto de las llamas, en mayo de 1932 la hermandad perdió la talla de la Virgen de la Hiniesta apodada como ‘la gótica’, el Cristo de la Buena Muerte, la imagen de la Magdalena y la Virgen de la Hiniesta dolorosa, atribuida al gran imaginero del siglo XVII, Juan Martínez Montañés.

Es por por este motivo que la hermandad de la Hiniesta, afincada entonces en San Marcos, encarga en ese mismo año, a cuatro artistas que elaboren una imagen lo más parecida posible a la imagen de la Virgen que meses antes se perdió. Entre esos cuatro artistas se encuentra José Merino Román, un escultor e imaginero malagueño afincado en Sevilla, que nos dejó obras como el paso renacentista del Cristo de Burgos en el año 1939. Este escultor realizó una Virgen dolorosa para la hermandad de la Hiniesta con las premisas fijadas por sus hermanos, pero la hermandad al final se decanta por la imagen que realizó el joven artista sevillano Antonio Castillo Lastrucci, que años más tarde de nuevo es pasto de las llamas y vuelve a realizarla en 1937.
Esta imagen de la Virgen dolorosa que realizó Merino Román, se quedó vestida de hebrea con un halo de diez estrellas en el taller del escultor, hasta años después que otra hermandad sevillana se interesa por ella, esa hermandad es la de los Gitanos, que en esos años estaba en su primer periodo en la Iglesia de San Román y fue decisión de su junta de gobierno que en 1935 se pusieran en contacto con este imaginero malagueño para adquirir la dolorosa que no pudo ser para la hermandad de la Hiniesta. No se sabe con seguridad a que es debido este cambio de imagen, ya que aún conservaban la Virgen de las Angustias de Montes de Oca, aunque algunos apuntan que fue una decisión de la junta de gobierno para preservar esta imagen en esos años convulsos.
Esta imagen fue bendecida con la advocación de Virgen de las Angustias, a escasos 15 días del Viernes Santo, el 4 de abril de 1935, y celebró un triduo en los días 10, 11 y 12 de ese mismo mes. En ese mismo año, salió bajo palio acompañando al primitivo Señor de la Salud, haciendo estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral en la Madrugá del Viernes Santo. 
Este hecho no gustó a los hermanos que pidieron el cambio de la dolorosa, volviendo a exponer en el culto a la Virgen que hiciera Montes de Oca, quedando esta imagen de nuevo en el taller de Merino Román.

Tras el duro período para la sociedad y las hermandades como fue la Guerra Civil, la Hermandad oficial de Málaga, conocida como el Sepulcro, que perdió a sus titulares en los años de la guerra, se puso en contacto con su paisano Merino Román para adquirir la citada imagen. Este acto se llevó a cabo en el año 1938, por dos mil de las antiguas pesetas, siendo bendecida en primavera bajo la advocación de Virgen de la Soledad, saliendo por primera vez bajo el palio del trono de la antigua dolorosa el Viernes Santo de 1939.
Esta imagen debió ser retocada en una intervención que desconocemos, en la cual se le cambian detalles en el rostro, como la posición de las lágrimas. Posteriormente en 1973 es restaurada por D. Luis Álvarez Duarte, haciéndole este unas manos nuevas y cambiando la policromía. En 2005 se lleva a cabo la última restauración hasta la fecha, llevada a cabo por el profesor Juan Manuel Miñarro.

Es esta la historia la de una Virgen que pudo ser hasta dos veces titular de una hermandad de Sevilla, pero que finalmente acabó siendo una de las dolorosas de mayor devoción de la ciudad de Málaga, siendo esta una de las únicas imágenes, que ha procesionado en la madrugá del Viernes Santo en Sevilla y en la tarde del Viernes Santo en Málaga, dos ciudades con estilos distintos, unidas por la imagen que pudo ser Virgen de la Hiniesta, o Virgen de las Angustias, pero que finalmente quiso ser Virgen de la Soledad.


*Fotos cogidas de internet, David Gahete y Elisa González*
Mario Rosales Antequera.
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