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sábado, 11 de abril de 2020

Sábado Santo


Sábado Santo según Adrián González

Suena el despertador, son las 8:30, es sábado el Sábado Santo, que tanto espero y anhelo durante todo el año. Llegó el día grande de mí hermandad de la Trinidad y sus titulares. Para mí como para mi tío, es el día de pasear al único Dios de Sevilla y su Bendito hijo, es el día de querer y trabajar al Sagrado Decreto.
Me levanto y me preparo el desayuno, que a penas puedo tomar debido a los nervios, preparo la ropa, me aseo y me visto. 10:15, llaman a la puerta, 'Niño, ¿estás listo?', mientras me fundo en un abrazo saco las llaves para cerrar la puerta, 'estoy más que listo tito', 'ea pues vamonos, que hay que aparcar y verás tu para hacerlo'.
Las 11, ya estamos en la Puerta Carmona y aparcados, llegamos al sitio de la cita, son todo besos y abrazos y alegría. Momento para tomar un refresquito, hasta que llegue el jefe y su equipo. Ya está aquí, es momento de la charla, la igualá, el reparto de trabajos y el ticket del serranito del Trini.
Hacemos salida, hay que estar a las 14:30 en la Basílica fajados y con el costal tirado, junto al paso. A las 14:15 ya estamos listos, momento para rezarle a la Esperanza Trinidad, al Santísimo Cristo de las V Llagas y al único Dios.
Suena el martillo, es el momento de cuadrar el paso con la puerta, para la salida. Esto ya empieza, es el momento cumbre, con los primeros toques del himno de España de Columna y Azotes, de las Cigarreras, se fueron los nervios y llegan las emociones, es hora de trabajar y disfrutar de la cofradía en la calle.
Voy de relevo en relevo, entre risas y admiración por los peones que lleva el Señor.
Desde la plaza de la Encarnación hasta la calle Boteros, voy disfrutando cuando puedo del palio de Ntra. Señora de la Soledad de los Servitas.
El momento álgido de la cuadrilla llega cuando pasamos por la cuesta del Bacalao y la cuesta del Rosario, pasando momentos íntimos y de apretar los dientes, como son la calle Verónicas, calle Sol y la entrada.
Se fue un Sábado Santo pletórico, y satisfecho por el trabajo realizado por el equipo de capataces, cuadrilla y banda.
De nuevo llega el momento de ponerse a tachar Sábados del calendario.

Adrián González González.

viernes, 10 de abril de 2020

Viernes Santo 2020


Viernes Santo en los Palacios y Villafranca, según Jesús Díaz

Estaba yo pensando que, con cual momento de la semana santa podría quedarme.  Aunque los que me conocen saben, que como imagen devocional tengo a la Esperanza Macarena, nunca podría dejar atrás a la imagen que desde niño me ha visto crecer en sus filas de nazareno, que hoy día y mientras ella quiera, iré debajo de sus trabajaderas, mi virgen de los Dolores.

Tras una madrugada en la que parece que se para el tiempo, amanece un triste viernes santo, en el que hasta el tiempo sabe que Cristo yace en su urna. La tarde se tiñe de gris y comienza a sonar amargura, y los pocos rayos de sol que lucen, se hacen hueco entre el incienso que inunda el aire y la maya del palio para iluminar el rostro de nuestra madre.
Santísimo Cristo de la misericordia suena, la procesión está en la calle, todo es un escenario idílico en el que el silencio de la muchedumbre, la fe y la devoción son los protagonistas junto con nuestra madre la Virgen de los dolores.

A través de los respiraderos de la primera trabajadera se perciben los rostros de las personas mayores con los ojos humedecidos rezando y haciéndole las peticiones a la misma imagen que estoy seguro, que todas ellas tienen en su mesita de noche.

La noche cae y la candelería, ilumina su hermosa figura, suena la madruga, marcha que como mi capataz siempre dice, nosotros se la dedicamos a nuestras abuelas, ellas que siempre antes de salir te daban ese beso que nunca se olvida y el que te daba fuerza para cargar con ella chicotá tras chicotá.

Deben de ser las 00:00 y desde la lejanía se percibe como los últimos faroles del Santísimo Cristo de la Misericordia están entrando en la capilla, comienza a sonar virgen de los dolores y vemos como la semana santa palaciega va llegando a su ocaso, entrando el palio mientras los hermanos nazarenos la esperan dentro de la capilla.
Lástima que este año, no suene la madruga, ni se haga el silencio a los sones de amargura, nos ha tocado al igual que Cristo, un tiempo de cruz, para que luego podamos ver la luz de la Resurrección.


Jesús Díaz Martín 

La Madrugá en Huelva, según Carla Yáñez

Acabo de llegar a casa, no se muy bien que hora es, serán 23:00 o las 00:00. Después de ver las cofradías del Jueves Santo me toca descansar para la Madrugá. Pero no descanso, me pueden los nervios. Me siento en el sofá y enciendo la televisión a seguir viendo a las hermandades que siguen en la calle.

De repente escucho el móvil, es mi compañero Pedro recordándonos por el grupo que no se nos olvide la medalla y diciendo que nos abriguemos porque va a hacer frío. Mientras leo suena la puerta, es mi familia. Llega mi madre y me pregunta "¿Carla has preparado el traje?" "¿está listo el trombón?" y aunque le respondo que sí ella siempre lo comprueba.

Son las 2:00 de la mañana. Me cojo la coleta, me pongo el traje. Ahora toca buscar las gafas. Cojo el fajín y mi instrumento y me voy con mis compañeras a la calle Rascón. Ya se puede escuchar cómo están afinando.

Llego a donde la banda a quedado, la casa hermandad del Nazareno. Veo a mis compañeros, a mis amigos... Busco a una de las mujeres para que me ponga el lazo y después me voy corriendo a buscar a mis compañeros más cercanos, a los bajos de la banda. Uno de ellos me pone el fajín: "pónmelo otra vez que esta muy flojo" "¿está bien puesta la chaqueta?". Afino con ellos y me voy a hacerme fotos con mis amigos. Viene Alba y me dice: "Vente, hay que hacerse la foto". La foto de las mujeres de la banda.

Vamos a la calle Las Bocas y allí tenemos la charla. La charla de los directores, un momento familiar. A continuación formamos la banda y comienzan a sonar los primeros tambores de la Madrugá. Empiezo a notar ese cosquilleo por todo el cuerpo, esos nervios. Ya estamos en la puerta de la Iglesia, puedo escuchar el rachear de los costaleros, señal de que no queda nada para que salga el Señor. Escucho a mis compañeros decirme "prepara ya la Marcha Real y Señor de Huelva", nerviosa y con las lágrimas saltadas empiezo a tocar y siento que se para el tiempo.

Las horas pasan, ninguno sabemos que hora es. Estamos llegando a las Hermanitas de la Cruz, suena "Caridad". Poco más adelante, en la Capilla de la Esperanza suena "Eterno" dos momentos inolvidables de mi primera Madrugá en la banda.

El tiempo sigue avanzando y llega mi relevo, voy a la casa hermandad y allí me encuentro con mis compañeros "¿qué tal vas?" "¿estas cansado?". Cojo mi desayuno y voy con Rodrigo porque le he visto de lejos cuando he entrado. Terminamos y el me deja al lado de la banda, nos decimos que nos vemos en la recogida y vuelve a su tramo.

Y pasando por la Capilla del Calvario llegamos a calle Marina, donde le cantan saetas y va habiendo cada vez más gente en la calle. Ya va quedando menos para llegar a la iglesia y para que la Madrugá llegue a su fin.

Ya estamos en calle Plus Ultra y van sonando las últimas marchas, veo en las caras de mis compañeros que las emociones ya están a flor de piel, y empiezan a brotar de los ojos las lágrimas de toda la noche.

El Señor se está recogiendo, ponemos la partitura de "Señor de Huelva", ya todos hemos llorado y empiezan a verse los primeros abrazos.

Ya solo queda esperarla, a la Virgen de la Amargura, y en esa espera veo a mis compañeros nos preguntamos que tal a ido y nos abrazamos, también veo a Rodrigo que ya ha entrado en la iglesia. Ya puedo escuchar la banda del palio. Ya la Virgen está entrando. La Madrugá está terminando.

Rodrigo y yo vemos a Esteban, y salimos los tres juntos por la puerta del patio, y ahora me doy cuanta de que ya a llegado a su fin, y que solo queda esperar al año que viene y quedarse con lo vivido las horas pasadas poniéndole música a los pasos del Señor.

Carla Yáñez Sancho.

jueves, 9 de abril de 2020

Madrugá 2020


La Madrugá según Manu Chacón

La Noche Venerable.

Cae la tarde y el sol se marcha sabiendo que esta noche la luna será diferente. En casa nada tiene comparación con este día. Si el Lunes Santo es Sagrado, la Madrugá es la noche más venerable del año. Es la noche de la fe y de los recuerdos que permanecen más vivos que nunca en el tiempo. Todos en mi familia saben a lo que me refiero.

La tarde del Jueves Santo se consuma de una manera intensa preparando los entresijos para la estación de penitencia y todo ello envuelto en un mar de nervios y pensamientos que no te dejan a penas descansar. Sigo siempre el mismo ritual de cada año; papeleta, medalla, estampitas y que no falte ni un caramelo para endulzar la mañana a los niños que recién despiertos van a ver tu cofradía de vuelta. Cuando llega el momento de vestirse con la túnica ahí está ella, mi madre, perfilando cada centímetro y detalle del hábito para que todo esté perfecto.

Con todo preparado, pongo rumbo al templo del antiguo Convento del Valle, andando solo y por el camino más corto. Allí me esperan los míos, mis primos y mi tío. Luego, me acerco a los pasos y les hago una primera visita a ellos dos, pero con una mirada siempre especial a ella. El revuelo de capas blancas y antifaces morados no me privan de ver la emoción que se palpa en el ambiente.

Son las 02:30 de la mañana, se abren las puertas, suena La Saeta y un reguero de cirios coloraos avanzan por la plaza. Ya está, comienza así la Madrugá.

Si las cofradías son el testigo de la Pasión, para nosotros la nuestra, la de siempre, la de la Calle Verónica, es el testigo claro de la penitencia más íntima y absoluta. Intimidad que en el fondo no es solitaria porque siempre hay alguien que, sin estar, está y nos acompaña en el camino. El palio de las Angustias es el fiel reflejo de una historia de amor verdadero de alguien que estuvo incontables años siendo sus pies y otros tanto como contraguía. Para eso estamos su familia, para mantener vivo todo lo que nos enseñó.

Actualmente, por diversas circunstancias vivo una Madrugá muy diferente, más cercana a la Calle Parras, como músico en la Banda de el Carmen de Salteras. Se vive una noche verdaderamente especial. Se nota la alegría y los nervios que desbordan los rostros de los compañeros cuando esperamos en el atrio y se escucha la primera levantá. Cuando sale de la Basílica y camina hacia la avenida, me es imposible no quedarme impactado con tanta multitud en silencio mirando fijamente a la Esperanza. Pasan las horas y conforme avanzamos en la noche es un no parar de gente y más gente que se queda emocionada, incluso con alguna lágrima que otra con solo verla, y así todo el recorrido. Es algo que nunca viví. Es algo impresionante.

Disfruto como un niño chico tras la Esperanza, es obvio. Pero mi pensamiento siempre está con él, con su medalla de Los Gitanos colgada del cuello, bajo mi traje de músico, que siempre viene conmigo. Paso la noche manteniendo vivo su recuerdo en mis pensamientos y acordándome también de los míos, de los que están con el antifaz morado y la capa blanca, y de ella.


Manuel Chacón Palomares.
Twitter: @m_chacon4
Instagram: @m_chacon4

Jueves Santo 2020


Jueves Santo según Fran Gutiérrez

Una vida ante ti…

Todo cristiano debe sentir, al menos una vez en la vida, lo que significa estar ante la atenta mirada de Dios.

Yo puedo afirmar que llevo desde el 26 de febrero de 1996, desde que tenía menos de tres años, viendo la cara de Dios. Y es una mirada, un sentimiento, que por mucho que pasen los años y te marque la huella del tiempo…nunca lograré olvidar.

No concibo un Jueves Santo de mi vida sin levantarme por la mañana, nervioso…muy nervioso, pensativo y con ilusión. Mucha ilusión. No concibo un Jueves Santo de mi vida sin seguir la misma rutina. Hablar con mi familia, con esos amigos de siempre, compartir esos recuerdos de años atrás, preparar las estampas, los caramelos y los sueños…

Son las diez. Hay que desayunar, aunque resulta difícil que la comida entre en un cuerpo que es un manojo de nervios y que como una bomba de relojería estallará cuando marquen las cinco y cuarto de la tarde en la plaza de los Carros. 

“Venga papá, ayúdame a preparar el antifaz”. “Me lo voy a probar que este año me han retocado los huecos de los ojos”. “¡Qué bonito…qué de recuerdos!”. Me lo quito. Me marcho al salón a preparar las estampas de mi Cristo y de la Virgen del Rosario, alternando alguna también del Señor de la Salud. En la televisión veo la redifusión del Miércoles Santo. Y mientras escucho cómo suena Tres Caídas tras el crucificado de la Lanzada en la Campana…yo sueño ya con que llegue mi momento.

¿Sabéis qué? Desde pequeño siempre decía algo. Cuando vea escrito en la tele “Redifusión” y esté la Lanzada en la pantalla, significará que es Jueves Santo. Lo que son las cosas, ¿verdad? 

Todo preparado. Los nervios siguen. ¿Mamá, dónde están los guantes? ¿La medalla está lista? Qué bien huele al pasar esa tela de lana merino…y qué tacto tiene el terciopelo negro. Y eso que nos juega malas pasadas en los calurosos Jueves Santo en los que tienes que soportar al Lorenzo de frente mientras caminas por la calle Correduría.

Llega la hora del almuerzo. No puedo comer nada…no me entra. Los nervios se apoderan de mí…Miro el reloj, las horas no avanzan. Acabo de comer y me marcho a ducharme y a prepararme. En la radio, José Manuel de la Linde narra para “El Llamador” la salida del Cristo de la Fundación de los Negritos. Suenan también cornetas cigarreras en la Antigua Fábrica de Tabacos. Parece que todo va en orden, parece que este año no habrá que mirar al cielo…

Son las tres y media. Me visto. Mi padre me ayuda a apretarme el cíngulo, ese por el que parece que no pasan los años. Cómo pesa la capa…Todo listo. Avanzo por el pasillo, y antes de la foto de rigor en el salón, con mi hermana (que porta también su medalla), escucho “Si te viese tu abuelo”. 

Sí amigos. Yo soy de Montesión por mi abuelo, que era monaguillo del Señor de la Oración en el Huerto. No obstante, las circunstancias han hecho que yo no pudiese conocer al padre de mi madre, pero que yo esté ahí cumpliendo con la profecía y vistiendo mi túnica inmaculada.

En mi retina guardo fotografías que se conservan en un álbum familiar negro. Estampas mías de yo de nazareno y viendo cómo mis abuelos posaban a mi lado. Es imposible no emocionarse al invadirte esta nostalgia.

Bajo las escaleras y me encamino hacia el templo. Llegamos a la Alameda. Son las cuatro y cuarto. Un mar de capirotes negros va poblando el barrio de la Feria…parece que es la hora…y es la hora.

Por la calle Conde de Torrejón llegamos a la puerta trasera de la casa de hermandad, en Alberto Lista. Allí un par de hermanos nos examinan que vayamos correctamente ataviados y que presentemos nuestra papeleta de sitio. Me despido de los míos. Me desean una buena estación de penitencia y marcho al interior. 

Al llegar, busco por el patio mi tramo. Quinto tramo del Señor. Tomo mi cirio, ese que lleva el codal morado, y espero que el reloj marque las cinco y cuarto. Espero que suene la ovación y todo se habrá consumado. Un año más estaré ahí, antecediendo sus pasos.

Avanzan los tramos. ¡Vamos, el quinto! Caminamos y entramos por la puerta pequeña. Nunca una puerta tan chiquitita ha dado acceso a algo tan grande. Ahí…ahí está. Ahí está Él. No puedo contener las lágrimas. Son cinco segundos solo en la capilla, el diputado nos manda andar. Me emociono mientras escribo esto. Lloro. Pero es que ese Padre Nuestro antes de salir mirándolo me paga todo el año. Bendito consuelo…

Salgo. Hasta la noche no volveré a verlo. Qué duro. Sabes que Él va detrás. De hecho hay momentos en los que si miro hacia atrás lo veo más cerca…Quiero mirarte…quiero abrazarte…quiero rezarte…pero este es mi sitio. Acompañándote…siendo tu nazareno.

Las fuerzas fallan, pero merece la pena. Mis padres me lo han contado infinitas veces. De pequeño, nunca quería abandonar el tramo. Iba con mi varita delante de la cruz de guía y ahí estaba…haciendo todo el camino. Junto a Él. Me sacaban en San Juan de la Palma, pero yo lloraba porque quería hacer la entrada. El año que pude hacerla…no os puedo explicar lo que sentí.

Me apagan el cirio. Llego a los Carros. Y al rato…se oye de lejos el tambor de Redención. Allí está. Allí viene. Ya te veo…Padre. El rostro denota el dolor y el cansancio. La tarde ha sido dura, pero ahí está…mirando al cielo, implorando a Dios y hablando con un ángel al que envidio porque puede conversar con Él de un modo eterno.

Cuando entra en su capilla siento satisfacción, alegría y a la par nostalgia porque todo se ha acabado. Pero le doy las gracias por permitirme estar un año más junto a Él.

Tras mi Cristo llega Ella, la Virgen del Rosario. La “Chari”. La vecina más antigua de la calle Feria. Ella viene dejándose querer, golpeando los rosarios sus varales y diciéndole a todas sus vecinas que no se olviden que el Jueves Santo acabará, pero que ahí estará, esperándola verlas pasar. Y ahí estaba yo, presto a cantar “Rosario de Montesión” cuando Vizcaya mandase la entrada.

Acaba un Jueves Santo. Acaba un año más.

Este 2020 es duro. Muy duro. Es la primera vez en 24 años que no vestiré mi túnica de nazareno. Es la primera vez que no sentiré que es Jueves Santo…o sí. Porque tú, Padre mío, me habrás dado salud para poder estar orando, como cada noche antes de dormir. Dame salud, Padre mío, para que en 2021 y cuantos años más estén por venir…yo sea tu nazareno.

No sé cómo expresar lo que siento. No sé cómo expresar cuánto te quiero…cuánto te rezo. Es un amor que empezó yendo yo en carrito y que espero que acabe cuando no pueda ya caminar. Porque quiero que seas el último rostro que vea antes de subir al cielo. 

Llevo una vida ante Ti…y moriré ante Ti. 

Fran Guitiérrez Recio.

miércoles, 8 de abril de 2020

Miércoles Santo 2020


Miércoles Santo en Medina Sidonia, según María Orellana

Amanece el día, para muchos un día cualquiera, pero para mí es mi día. Aunque anoche me acosté tarde por culpa del Martes Pizzero, no puedo estar en la cama a más de las 09:00. Me levanto, y mi madre como siempre… “-María, desayuna y tómate la tila, anda”. Pero que tila ni tilo, Antonia, que hoy es Miércoles Santo, y nada me va a quitar mis nervios. 

Bueno, como me encantan las infusiones, me la voy a tomar, aunque sé que de nada servirá. A las 10:00 ya está la niña duchada y con su sudadera de la hermandad, robada de su padrino, cómo no. Me voy para la que verdaderamente es mi casa. Allí, mi familia me espera, y no solo en el verdadero sentido de la palabra, ya que no hay un miembro de los Cózar Ballesteros que no sea hermano, si no porque esa gente que allí me espera, son la familia que elegí. 

Una vez en la iglesia, miras los pasos y es inevitable que el cosquilleo te recorra el cuerpo. Comienzan los abrazos, los “Hermana, llegó el día”, las fotos, e incluso las primeras lágrimas comienzan a recorrer las mejillas de algunos, bien pensando en la gloria que esa tarde viviremos, o bien pensando en los hermanos que por desgracia ya no están, y que les encantaría vivir ese momento. Por suerte, tenemos una pequeña  guardería en esta gran familia, que hace que todo se te olvide  y que disfrutes un poquito más de éste nuestro día, ya que los pequeños también tienen ilusión. ¡Pero cómo que son las 14:30 y que nos vamos a casa! El tiempo ha volado en esta mañana, y a regañadientes la miro por última vez, ahí están, mi Reina y mi Gitano esperando para repartir baberos por Medina. 

Llego a casa de mi abuela, siempre comemos allí ese día. Mi hermano, mi prima y yo, a cual más nervioso. Y mi tía y mi abuela obligándonos a comer. ¿Pero no entendéis que no podemos? Es común tambien que alguien llore, somos unos llorones en esta familia… ¡Ay que son las 17:00! Mi prima ya se tiene que peinar, le cogemos la cola estirá y ya está, la acólita más guapa preparada. Se que es temprano, pero me quiero vestir ya e irme a la iglesia. Con mi túnica y mi capirote, salgo por esa puerta, lo típico: Una foto a los 3. El costalero, la acólita y la penitente… qué cuadro. Vaya por Dios, la papeleta que la he perdido con los nervios. Bueno, qué mas da, si está mi tía en la puerta y ha sido ella quien me la ha sacado. 

Y mientras esperas, piensas en todo… En el nuevo recorrido, que no subimos a la Iglesia Mayor, que vuelve a coger el señor por su calle. Bueno… ¿y cómo quedará coger por Paseo del Mercado? Madre, que volvemos a pasar por su barrio… Inevitable que se te vengan recuerdos de niñez, una pequeña penitente que repartía caramelos con su pañuelo lila en la cabeza, y que después de 6 años volvería a repetirse el mismo sueño. 

Entro en la iglesia, ¡madre mía que dolor de barriga! Ahí está ella, con las flores más bonita que he visto nunca. Y él, que hasta el sentido quita cuando lo miras. “-María, ¿virgen o Cristo?” Cómo no, primera sesión de la virgen, que así hay calles que si miro adelante lo veo a él, y si miro hacia atrás la veo a ella. Venga, id preparándose que ya estamos en la calle… 18:30, allí no falta un alma. Empiezan los llantos, los nervios, los abrazos… todos somos uno solo.  

El silencio se apodera De la Iglesia, se acaba el murmuro, alguien sube al atril, ay por dios, que se abran ya esas benditas puertas. Pero, ¿qué pasa? No es el padre el que sube a desearnos una gran estación de penitencia, es nuestro querido Hermano Mayor. Se masca la tragedia, veo a mis hermanos llorar. “-Por motivos meteorológicos, este año nos quedamos en casa.” No puede ser, este año no hombre.  

Se abren las puertas, y su barrio, ese barrio que derrocha arte y alegría allá donde va, entra a la que tambien es su casa a darle un último adiós a este miércoles soñado. Entran las bandas, ¡Dios mío que no se cabe! Se levanta el Señor, dos marchas suenan, Pasa la Estrella y Una vida de Esperanza. Puede ser sin duda lo más emotivo que veáis nunca. Se levanta ella, de nuevo dos marchas suenan, Siempre la Esperanza y Mi Amargura. El Barrio se cae con su madre. 

Pero como siempre, somos una familia, una familia que siempre está unida. Y de la mejor manera que pudimos, pasamos ese día, con un cierto tono agridulce. Y es que, cuando estamos juntos, las penas son más amenas, y los logros son mayores. No se puede explicar con palabras lo que somos o lo que sentimos, solo se puede decir que la unidad y la piña que formamos es de otro mundo. Solo queda volver a soñar… Semana Santa de 2020, nos la jugaste de nuevo… pero si por algo nos caracterizamos es por no rendirnos nunca, y en 2021 pensamos volver como nunca nadie lo hizo. Porque El Barrio, siempre vuelve.  


María Orellana Cózar.
Twitter: @MariiaOrellaana
Instagram: @mariiaorellana

martes, 7 de abril de 2020

El Martes Santo según José Manuel Álvarez

Vivencias de un Martes Santo...

Comienza un nuevo día de nuestra semana mayor, todo se inicia en el barrio donde la Madre lo es todo, y el todo es la Madre allí en el Cerro del Águila saben profesar un amor inmenso hacia la Virgen de los Dolores y buena prueba de ello es su día a día en el barrio… 

Pero quiero trasladarme a una calle ancha cuajada de naranjos que hacen bello su caminar…

Todo son nervios, pequeños monaguillos revolotean por el templo, nazarenos, costaleros y acólitos, que suben ese alminar para reencontrarse un nuevo martes…, llega el momento de ponerse el alba, cíngulos y dalmáticas sabiendo que todo el esfuerzo de un año había dado sus frutos, también se ven lazos negros en el pelo donde se puede leer “ Gracia y Amparo”, una vez terminado el ritual de vestirse y con los guantes ya puestos toca bajar esa escalera de caracol y colocarte delante de los titulares…

En el templo oscuro e ilusionado por salir el Hermano Mayor deja la cofradía en manos del Diputado Mayor de Gobierno y este ordena la apertura de las puertas es en ese momento donde el ya suave ocaso de la tarde cae sobre la ciudad y unos tímidos rayos de luz se cuelan por la puerta ojival Omniunm Sanctorum y toca a su fin la espera….


José Manuel Álvarez Moreno.

El Martes Santo en Huelva, según Ismael Manaute

Amanece un nuevo martes santo y con este ya van 24 años, me levanto con apenas horas de sueño en el cuerpo debido a los nervios, que se van acentuando a medida que la jornada avanza. Durante la mañana, me arreglo y salgo dirección a San Sebastián con mi bolsa donde guardo el costal, la faja y la ropa de costalero, esperando encontrarme con la gente de mi hermandad, amigos, costaleros e incluso familia.

Una vez allí, subo las escaleras del porche (siempre por el lado izquierdo) y entro a la iglesia, lo primero que me encuentro es el altar de insignias de frente, entonces miro a la derecha y allí están, donde siempre, delante del altar, Cristo a la izquierda y Virgen a la derecha. Hay un murmullo muy sutil, las cristaleras de la iglesia iluminan ambos pasos con tonos coloridos y el incienso impregna el lugar, a medida que me acerco se me hace un nudo en la garganta y entablo una conversación con ellos.

Llegó el día padre y madre... nuestro día, hoy más que nunca hay que disfrutar, los sentimientos a flor de piel y en la memoria están presentes los que ya no están, el día de hoy va por ellos. Rezo un padre nuestro y un Ave María, me santiguo y entonces vuelvo a poner los pies en la tierra. Saludo a los que allí se congregan, me giro dirección a la puerta y me siento más aliviado y con mas ganas si aún caben.

La siguiente parada es en el Comodoro, justo al lado de la iglesia, mítico bar donde quedamos algunos de la cuadrilla, capataces y hermanos para tomarnos unos botellines y... porque no decirlo, relajar los nervios conversando contando anécdotas de años anteriores. Ya se va sintiendo en las sonrisas y el brillo de los ojos que algo grande se acerca.

Siempre intento quedar con mi padre en esos momentos, ya que lleva a mis hermanos a la iglesia para inculcarles nuestras tradiciones, pero como siempre, nunca coincidimos. Entonces llega el momento de irse, es casi la hora de comer  y aún seguimos en el bar, algo que caracteriza a nuestra cuadrilla. En el camino a casa quedo con Laura, que hoy come con nosotros, no puedo estar más feliz de este día.

Nada más entrar, mis dos hermanos pequeños, que salen de monaguillos en nuestra bendita madre, me abrazan con fuerza y me hinchan a preguntas, Ismael ¿tú sales de costalero en el señor?, ¿donde vas debajo del paso?, ¿el Cristo pesa mucho?, miro sus caras de ilusión y pienso... si ellos supieran que hoy, el que más ilusión tiene soy yo... ya crecerán y sabrán por qué. La comida a penas la pruebo y los nervios ya se han apoderado de mi, entonces plancho mi ropa, mi costal y lo organizo todo encima de la cama.

Llega la hora de irse, me visto de luto riguroso, me despido de todos y emprendo mi camino a la iglesia. Llego a tiempo, todos los costaleros estamos de nuevo en el bar, a la espera de la llamada del capataz para organizar la cuadrilla.

Suena la voz de Manuel Carnicerito por encima del barullo, ¡Señores! las dos cuadrillas a la plazoleta. Allí nos dan nuestros relevos y este año hago las hermanitas de la cruz, donde nuestra hermandad hace estación de penitencia. El capataz nos da una charla y manda a la gente a hacerse la ropa, pero antes una foto de la cuadrilla. Mi cuadrilla nunca hace salida, por lo que esperamos nuestro primer relevo en la casa hermandad, allí nos enfajamos y nos tiramos la ropa, aunque yo siempre llego justo ya que espero que la Señora salga a los sones de Virgen del Valle.

El señor se acerca, tengo el costal puesto, se baja el paso delante nuestra y ahora empieza de verdad el martes santo. El olor a caoba bajo el paso y el crujir de la madera hace que se te pongan los vellos de punta, entonces suena el llamador, no habla nadie y levantas el paso con todas tus fuerzas. Desde este momento, el silencio predomina durante la jornada y es momento de hablar a solas con Él, le pides por todo, familia, amigos, salud... qué importante es la salud. Solo el rachear de los costaleros, las órdenes de un par de hombres y la música del trío de capilla rompen el silencio aquí abajo. La luz se filtra a través de la canastilla y escuchas como a medida que el señor anda con su son reposao, la gente deja de murmullar... le están rezando.

Los relevos siempre en los bares, botellín en mano y alguna que otra ración de croquetas para reponerse. El tiempo y los relevos van pasando... Las hermanitas, la Esperanza, carrera oficial, calle palos... maldita calle, hasta que llegamos al pasaje del Cristo de la sangre, un punto clave del recorrido, un sitio mágico. La noche se torna más oscura si cabe y solo la luz de los cirios de los nazarenos alumbran los rostros de los allí presentes, privilegiados de vivir ese momento. Entonces, diferentes saeteros le rezan cantando al señor a medida que discurre el paso entre naranjos en flor perfumando el ambiente... bendita noche.

Ya solo queda el último relevo, el de la entrada, el son largo y reposao no decae nunca, se disfruta hasta el último momento, la última chicotá, la última oración bajo el señor. Llegamos a la puerta y sin darme cuenta se ha ido el día en un suspiro, el capataz cuadra el paso, se baja el cañón del señor y manda costero a tierra por igual, el señor entra y se da por finalizada la estación de penitencia. Salimos del paso con el corazón que no nos cabe en el pecho, nos miramos sabiendo que hemos ganado la pelea, orgullosos unos de otros, nos abrazamos todos los costaleros y le damos las gracias a Él por dejarnos ser sus pies un año más.


Ismael Manaute Pérez

Martes Santo 2020


El Martes Santo según Pedro Morón.

Me piden mis amigos de Entre Incienso y Azahar Cofrade que cuente mis vivencias de mi Martes Santo.
El Martes Santo para mí es el día con el que sueño durante todo un año, ya que es la jornada, en la cual, realizo estación de penitencia con mis devociones.
La noche del Lunes Santo al Martes Santo la considero como mi noche de Reyes, que se anuncia cuando la Virgen de las Aguas de la hermandad del Museo llega a su recoleta capilla, a los sones de la Oliva de Salteras.
Cuando me despierto el Martes Santo, es asomarme a la ventana, para ver cómo ha amanecido el día,  después ir a San Lorenzo, para la misa preparatoria de la estación de penitencia, y después ayudar al equipo de priostia y de diputación mayor de gobierno a terminar de preparar todo para la salida de la cofradía, tras ello es el momento de ir a casa para recargar pilas para una tarde-noche de nervios y emociones.
La tarde comienza a llenarse de emociones cuando me encuentro con los míos, en el interior de San Lorenzo, momento en el que rezamos antes los dos pasos, y pasamos a vestirnos. Van pasando los minutos y los nervios y la emoción y llegó el momento más esperado de todo el año cuando sale la cruz de guía y comienza a llenarse la plaza de San Lorenzo de un río de capirotes blancos que anteceden a Ntro. Padre Jesús ante Anas, en ese momento cuando Cigarreras apunta la marcha real, los ojos se llenan de lágrimas y los pelitos se ponen de punta.
Cuando la noche cae sobre la ciudad de la Esperanza entramos en catedral, y las levantás repercuten sobre las bóvedas de la catedral, en la intimidad del primer templo del Archidiócesis, nos vamos a acercando a la puerta de Palos y nos disponemos a vivir momentos históricos para nuestra hermandad como va a ser el Arco del Postigo.
La Pura y limpia nos recibe en el Postigo, en donde un sinfín de marchas es interpretas por Cigarreras, para llegar a una calle Arfe, atestada de público que nos acompañará por nuestro discurrir por las calles del Arenal.
En un abrir y cerrar los ojos el sueño de cada Martes Santo se esfuma como una nube de incienso se tratase enfilamos los últimos metros del itinerario, con el cuerpo cansado, pero contentos por haber procesionado con mis titulares.
San Lorenzo nos recibe a oscuras, para que la luz de los nazarenos ilumine el caminar del señor, que se adentra en el pasillo central de la plaza, y las lágrimas se vuelven a apoderar de nosotros…
Mí hermandad del Dulce Nombre es unos de los pilares en los que se sustenta mi fe, que se hace cofradía cada Martes Santo.

Pedro Morón Gutierrez.

lunes, 6 de abril de 2020

Lunes Santo según Manu Chacón

Lunes Santo y Sagrado.

Pasan los años, pero la tradición no cambia. Amanece temprano en casa y el reloj apura el tiempo para poder saborear lo que está por venir. Nos despertamos sabiendo que este lunes no es uno cualquiera, el de hoy es Santo y Sagrado. Hoy es el día en el que toda mi familia se da cita en la esquinita de siempre. Hoy volvemos al barrio del que todos venimos, hoy es el gran día. Pasan los años, pero la tradición no cambia.

Llegados al barrio, al primer sitio que vamos sin pensarlo es a casa de la abuela. Nos abre la puerta con sus mejores galas y una sonrisa que puede con cualquier pandemia. He de reconocer que no es tan ‘jartible’ como nosotros, pero se nota que está feliz, disfrutando al máximo del día y sobre todo de su gente, que están todos con ella. La casa desprende el aroma puro de la poleá, hecha por la abuela para toda la familia. Como os digo, pasan los años, pero la tradición no cambia.

Desde bien pequeño me han inculcado el valor y el sentimiento al Tiro de Línea. Por suerte, he tenido la oportunidad de vivir la cofradía con la capa y antifaz durante años, así como acompañándola desde fuera. De nazareno se viven momentos de recogimiento y de ilusión al mismo tiempo, disfrutando de los pequeños detalles como cuando los niños te piden caramelos. Por fuera se ve la misma cofradía, pero ciertamente son sensaciones distintas. Desde la esquinita de siempre y rodeado de los míos, se ve llegar desde lejos el cristo Cautivo que camina solo, pero siempre en volandas sobre los corazones de su gente del Tiro que lo acompaña. En definitiva, son recuerdos que marcan y siempre permanecerán en mi memoria.

Mi otra forma de vivir el Tiro es como músico, y por suerte, con la Banda de el Carmen de Salteras. Es un Lunes Santo que vengo viviendo desde hace un par de años y tengo que decir que me siento afortunado de participar en una de mis dos hermandades de esta gran forma. Por el cuerpo te recorre un escalofrío cuando salen los ciriales y se asoman las maniguetas. Siempre a escasos metros de las Mercedes durante todo el recorrido, solo te separa de su manto la gran multitud que la sigue incansable durante horas. Sin duda, unas vivencias únicas. Ese palio rojo, andando siempre con brío, al son del tambor y sin perder el compás en todo el camino. Que suerte la mía ser testigo de algo tan grande.

Recuerdo desde donde mi memoria alcanza, que este lunes, el Santo y Sagrado, siempre se ha vivido del mismo modo. Sin embargo, desde hace unos años todo se vive de otra forma. Lo digo porque se nos apagó el cirio de un alma del Tiro. El cirio de quien todo me lo enseñó y de quien porque ahora mismo esté escribiendo estas palabras con un nudo en la garganta. Es triste ver como en esa esquinita primero faltó el abuelo y después él. Es un día grande en la familia, un día de estar con los nuestros. Un día que nos eleva a los grandes recuerdos y los revivimos para mantenerlo siempre aquí con nosotros, porque solo se marcha quien deja de ser recordado.

Termino como empecé. Pasan los años, pero la tradición no cambia. He dicho.

Manuel Chacón Palomares.
Twitter: @m_chacon4
Instagram: @m_chacon4

Lunes Santo 2020


Lunes Santo según Laura Yáñez

Amanezco en Huelva, muy pendiente del tiempo porque, como todos sabemos, el tiempo que hay en Huelva en pocas horas pasa a Sevilla. Hoy mi día es distinto. Nerviosa, pero de otra manera. Ya no estan los nervios de una niña que ha crecido en su hermandad y que se emociona porque salgan sus titulares a la calle. El Domingo es un día de familia y amigos, pero el Lunes, para mi, significa intimidad y oración.

Al igual que ayer, cuesta desayunar, me arreglo, me despido de mis padres y voy en busca del coche. Hoy mi madre no me ayuda a colocarme la capa, ni me recuerda que tengo que coger la papeleta de sitio.

El camino a Sevilla es tranquilo. ¿Me dará tiempo a llegar a la misa? Ojalá encontremos aparcamiento pronto o no haya mucho atasco en la entrada a la ciudad.

El día de hoy es realmente nuevo para mi. No es lo mismo el sentimiento por una hermandad a la que perteneces desde pequeña, al que sientes por la hermandad en la que has ingresado con una edad más avanzada. La madurez con la que afrontas los sentimientos es muy distinto, como preparas el hábito e incluso la manera en la que almuerzas; no hay prisas, hoy todo fluye.

Aún no me acostumbro a salir "tarde". Se me hace raro no salir corriendo a vestirme después de comer. ¿Qué hora es? Ah aún me da tiempo de vestirme e ir a ver San Pablo por la calle Águilas, pero rápido porque no quiero que se me eche el tiempo encima.

Vuelvo a casa para vestirme. Me pongo los vaqueros, una camiseta ceñida al cuerpo y me pongo mi túnica negra. Bajo hasta el portal y me pongo el capirote. Normalmente en este momento estoy acompañada de mi hermana. Siempre vamos de la mano los Domingos de Ramos, pero hoy no, voy completamente sola. Dejo a Ismael atrás para que el disfrute de la jornada tan bonita que es el Lunes Santo y sigo mi camino hasta San Andrés.

Que larga se me hace la calle Cuna este día, me parece que no voy a llegar nunca a Orfila y ver de fondo la plaza. Llevo el DNI, la papeleta, la medalla y el móvil. Vale, esta todo.

Entro y revisan si voy correctamente vestida, paso a la iglesia y busco el listado de mi tramo.  Tengo poca antigüedad, con lo que voy en el primero, pero al final. Voy a los pies del Señor y dejo el sobre del Lunes Santo. Busco a mi diputado y hoy si que no me muevo del sitio más que para ir a los pies del paso. El tiempo dentro pasa muy deprisa, no te das cuenta y ya están repartiendo los cirios. Se va acercando la hora y formamos los tramos. Dan las 18:25 y se abren las puertas...

Hoy nadie va a venir a verme. No veré a nadie conocido durante el recorrido. Hoy tengo 4 horas a solas con el Señor.

Nunca había vivido tal experiencia como nazarena. El hecho de que la hermandad, por decirlo de alguna manera, vaya sola es una tranquilidad muy grande para un nazareno. No te tienes que preocupar más que de rezar. También es rara la primera entrada en Campana. Pero esa primera vez es agradable, estas desubicada pero estas tranquila porque sabes que todo va bien. La calle Sierpes por la que pasas todos los días, hoy no es la misma y menos con mi hermandad. El silencio, la admiración hacia el nazareno, los niños mirando embobados. Llegar a la Plaza de San Francisco tan llena de gente y ver de lejos la Giralda. Y entrar en la Catedral. Entrar en la Catedral es como entrar en un trance de silencio y oración. La Catedral que día a día está plagada de gente, ahora se ve vacía. Cuando estas dentro de la Catedral te acostumbras a un silencio que durante el recorrido, no has tenido. Ese silencio sepulcral que te invita aún más a entrar en ti mismo, y cuando vuelves a salir, vuelves a la realidad.

Todo se me hace extraño hoy. Se podría decir que no se ni por donde voy, y es raro las calles del recorrido las frecuento a diario. La llegada al Salvador es como llegar al cielo. Ver la plaza abarrotada es algo que se puede ver casi cualquier día, pero desde los ojos de un nazareno es completamente distinto. La calle Cuna que a la ida a la hermandad iba vacía, ahora está llena y, como ya ha caído la noche infunde más respeto si cabe. Ahora no es tan larga, ya vamos de vuelta y enseguida veo Orfila.

Llego a Daoiz y parece que todo está siendo un sueño. Cómo puede ser que estando la calle tan llena y la plaza tan  llena y no se escuche ni un alma. Es impresionante. Cuando pasamos de el dintel no ves nada, no te das cuenta y ya no tienes el cirio. Vamos al fondo de la Iglesia. Hasta que no entre el último hermano no se va nadie.

Cada vez somos más los que estamos dentro y la situación empieza a ser algo incomoda. No nos podemos quitar el capirote y al ser bajita no respiro bien, somos muchos. Veo de puntillas y entre los capirotes a los ciriales y como puedo intento ver el paso entrar. Se coloca el paso en mitad de la Iglesia y toca esperar a las cruces. Hasta que no entra la última no se mueve nadie. Pasan las cruces y se cierran las puertas, se encienden las luces y es hora de que recemos todos juntos al señor. Ahora si, la estación de penitencia ha acabado.

Laura Yáñez Sancho.
Twitter: @itslaurayanez
Instagram: @itlaura_

domingo, 5 de abril de 2020

Domingo de Ramos según Andrea Díaz

Me gustaría contarte, como sin ser de la hermandad de la Estrella, me entra ese pellizquito en el estómago, cuando veo venir al Señor de las Penas con sus manos cruzadas, su mirada al cielo y el izquierdo por delante, o lo que siento cuando veo alejarse el palio de la Virgen de la Estrella con esa elegancia tan particular que tiene Ella.

En la calle Rioja, cerquita del Santo Ángel y del Cristo se los Desamparados los espero, buscando ese momento íntimo, esa última revirá que los lleva a la Carrera Oficial. Veo pasar nazarenos, es una larga espera, pero que compensa mucho, algunos me dan estampas, otros algún caramelo con la foto, o alguna manualidad que han hecho, mientras yo me voy poniendo más nerviosa, me entra ese cosquilleo por el cuerpo mientras veo llegar más tramos. La banda, mi querida banda, ya se escucha, debe venir por la Magdalena. ¡Allí lo veo! Al fondo está. Veo como el paso dorado va ganando metros en el mar de capirotes azules y capas blancas. Cada vez está más cerca, en mi cuerpo un nerviosismo impropio de mi y una sonrisa enorme, ¡ya está en el Santo Ángel! suena A la Triana Costalera, pero que bien suena mi banda, ojalá me escuchen y luego le toquen mi favorita... Sentir.

El paso ya está encarado en el Santo Ángel, después de la revirá ya estará aquí, mis nervios son incontrolables, no voy a sacar ni el móvil, lo veo y lo disfruto, que haga otro la foto. ¡Al cielo con el! Algo me entra en mi interior cuando empieza a revirar, solo puedo mirarlo a Él, con lagrimas en los ojos y un sentimiento incontrolable de felicidad. Ya está el paso de frente, el izquierdo por delante comiéndose la calle, ¡ay, que bonito! Las lágrimas empiezan a apoderarse de mis ojos y mejillas, suena Sentir...
Ahí llega, mi Señor, al que voy a ver cada vez que puedo, el que siempre está. Me presigno, rezo, le agradezco todo... y simplemente se va alejando... y ya sueño con volverlo a ver, la larga espera se ha desvanecido en un abrir y cerrar de ojos. Emprende de nuevo el camino que le guían las hileras de sus nazarenos, ojalá un año pueda ir yo ahí, que ilusión me haría.
Detrás de él, como siempre, sus escoltas y fieles acompañantes, que con cariño me consuelan y me regalan, un clavel rojo desprendido del paso de mi señor y una estampita... algo insignificante para otros, para mí, mucho.

Consiguen quitarme el nudo del estómago, y pienso que ahora llega Ella, mi Madre, la que reina en mis días, la Virgen de la Estrella, que viene con el palio de Ojeda, mi preferido.
Al fondo, allá por la Magdalena se empieza a distinguir la candelería, la noche ya ha caído y yo sigo en el mismo sitio, esperando la última revirá antes que entre en la Carrera Oficial. Ya se acerca, puedo oir sus bambalinas meciendose al son de las marchas...
De nuevo los nervios se apoderan de mí, está ya revirando hacia el Santo Ángel y se me vuelve a poner ese nudo... ya esta aún más cerca, deseo que la paren delante de mi para poder contemplarla un poquito más...lo que yo siento por Ella es inexplicable, desde pequeña es Ella la que me llama, sin saber hablar ya sabía quién era Ella, le tengo tanto que agradecer... Ahí se levanta, que maravilla como se mueve ese palio, que guapa viene, no voy a hacer ni una foto, voy a disfrutar como una niña chica. Que maravilla, cómo viene, como llega y que guapa por favor. En este momento por mi cabeza pasan muchas cosas, tengo mucho que pedirle, pero solo me sale decirle GRACIAS, mientras las lágrimas de nuevo conquistan mis mejillas. Y en ese suspiro, ya no le veo la cara, solo el manto, se acabó este momento íntimo con Ella, pero empiezan a caerle pétalos, no sé ni qué marcha suena, pero desde la azotea del edificio de 5-6 plantas llueven pétalos, ¡que bonito! Mis lágrimas aumentan mientras a Ella la mecen cuando le caen cientos de miles de pétalos, y ya se va, tantos sentimientos en un pequeño instante...Se marcha, se aleja en la noche a trianear por Sevilla.
Como un suspiro que se va con la brisa con olor a incienso se acaba. En mí mente quedan guardados todos los instantes vividos con ellos, pero el momento de esa lluvia de flores y  mi Señor de las Penas dando izquierdos... Este momento del Domingo de Ramos quedará grabado en mi memoria para siempre.
A la espera de un nuevo domingo de ramos, conservaré estos recuerdos en mi memoria, ya comienza mi cuenta atrás, ya espero que llegue el próximo Domingo de Ramos, ya queda un día menos.

Andrea Díaz Álvarez.